Tirando del hilo


Retorno a Brideshead
Evelyn Waugh

Era costumbre que en las noches de “gran tensión familiar” lady Marchmain leyera algún pasaje en voz alta después de la cena. Aquel día, su hijo Sebastian ni siquiera había bajado al comedor. Se revolvía en su habitación, solo y borracho, presto a librar un incierto combate contra mundum. La tensión era opresiva y lady Marchmain eligió un fragmento de La sabiduría del padre Brown. El protagonista es un cura católico metido a detective que logra atrapar al ladrón “con un anzuelo y una caña invisibles, lo bastante largos como para dejarle caminar hasta el fin del mundo y hacerle regresar con un tirón del hilo”. Escuchaban el relato los otros tres hijos de lady Marchmain, y Charles Ryder, amigo de Sebastian, compañero de sus francachelas universitarias y cómplice más o menos reciente de sus inquietudes. Es decir, compartían las pesquisas del padre Brown los principales personajes de Retorno a Brideshead, la novela que escribió Evelyn Waugh con el propósito declarado de mostrar “la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados”. La sobremesa literaria cierra la primera parte del libro y abre la puerta a la decadencia sólo aparente de sus protagonistas: lady Marchmain muere poco después, Sebastian acaba alcoholizado en Marruecos, su hermana Julia se casa y se divorcia antes de prometerse a Charles Ryder —que ha adquirido cierta fama como pintor, y que también se separa de su esposa—, y Cordelia, la hermana menor, desiste de hacerse monja y se enrola de enfermera en la guerra civil española. Mientras todos ellos avanzan a trompicones por la vida, se va apagando el esplendor de la mansión familiar y Europa se asoma al abismo de la II Guerra Mundial. Se podría decir que la novela es el retrato sutil y minucioso de una época, y que dibuja con maestría todos los matices de la psicología humana, y que esconde algunos pasajes de la tortuosa biografía del autor, y que describe “la desilusión sin causa” o “una especie de fatal insatisfacción y hartazgo previo de vivir” —en palabras de Manuel Hidalgo, uno de sus prologuistas—, y todos esos resúmenes serían ciertos, pero Retorno a Brideshead es mucho más: hay que llegar hasta las páginas finales, y asistir a la agonía de lord Marchmain, y compartir el propósito insospechado de Julia —“no puedo estar fuera del alcance de su misericordia”—, y oírle explicar a Cordelia cómo serán los últimos años de Sebastian, y acompañar al oficial Charles Ryder en su inesperado regreso a Brideshead, para intuir que detrás del escaparate de los acontecimientos, más allá de las fiestas refinadas, los viajes a Venecia, la estética, los cigarros turcos, los vinos añejos, los amores y los desamores, hay un pescador que ha ido soltando hilo con paciencia, y que se prepara ya para dar el tirón definitivo.

Texto Javier Marrodán [Com 89, PhD 00]. Ilustración Pedro Marrodán
(http://www.unav.es/nt/

Published in: on mayo 30, 2010 at 9:46 am  Dejar un comentario  

Examen de conciencia sacerdotal

Me han enviado este examen de conciencia sacerdotal que propone D. José Ignacio Munilla, obispo de san Sebastián, para este año jubilar sacerdotal. Y  aquí va:

El sacerdote, “oveja” y “pastor” del rebaño de Cristo

En su homilía de inicio de pontificado, Benedicto XVI hizo una breve explicación catequética sobre el “palio”, confeccionado con lana de oveja, con el que se reviste el arzobispo: “El palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros”. Asimismo, el Papa recordaba también que Aquél que nos pide a nosotros, sacerdotes, colaboración en su tarea de pastoreo, es el mismo que comparte de forma misteriosa nuestra propia condición: “El pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho Él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados”.

Esta doble condición de ser pastores y ovejas del rebaño de Cristo, que tenemos los sacerdotes, es el punto de partida de este breve “examen de conciencia sacerdotal”, que proponemos en el contexto del Año Jubilar Sacerdotal.

Es de suponer que este examen de conciencia para sacerdotes, llegue también a las manos de muchos laicos, consagrados o religiosos… Obviamente, no existe ninguna contraindicación para que puedan servirse de él. ¡No hay secretos entre las distintas vocaciones de vida cristiana! Todos buscamos la santidad; y de la misma manera que para nosotros, los sacerdotes, es muy estimulante ver el esfuerzo que muchos seglares realizan por ser fieles en su vocación, también lo será para los laicos ver que los sacerdotes hacemos lo propio, máxime en este Año Jubilar Sacerdotal. ¡Alguien dijo que el deseo de santidad es contagioso!

Ver examen

Published in: on marzo 6, 2010 at 4:37 pm  Dejar un comentario  

El Papa Benedicto XVI vendrá a España los días 6 y 7 de noviembre de 2010

Pobreza, castidad y obediencia”, la antigua regla franciscana, debe inspirar también hoy a “los cristianos del Tercer milenio” llamados a “buscar apasionadamente a Cristo” y a “confirmarse totalmente a Él”, testimoniando de este modo que el Evangelio es “manantial de alegría y perfección”. Son palabras de Benedicto XVI en su catequesis de la Audiencia General que ha dedicado hoy al padre de la Iglesia, San Buenaventura, franciscano y teólogo del siglo XIII, de cuyos libros y documentos se había ocupado ya el Papa en algunos estudios durante su juventud. Entre otras cosas dijo:
¿Cuál es la imagen de san Francisco que surge del corazón y de la pluma de su hijo devoto y sucesor, san Buenaventura? El punto esencial: Francisco es un alter Christus, un hombre que buscó apasionadamente a Cristo. En el amor que empuja a la imitación, se conformó enteramente a Él. Buenaventura señalaba este ideal vivo a todos los seguidores de Francisco. Este ideal, válido para todo cristiano, ayer, hoy y siempre, fue indicado como programa también para la Iglesia del Tercer Milenio por mi Predecesor, el Venerable Juan Pablo II. Este programa, escribía en la Carta Tertio Millennio ineunte, se centra “en Cristo mismo, a quien conocer, amar, imitar, para vivir en él la vida trinitaria, y transformar con él la historia hasta su cumplimiento en la Jerusalén celeste” (n. 29).
La noticia de que el Papa Benedicto XVI viajará los próximos 6 y 7 de noviembre a las diócesis de Santiago de Compostela y Barcelona, anunciada hoy por Mons. D. Julián Barrio Barrio y por el Cardenal Lluís Martínez Sistach, llena de alegría a la Iglesia en España. El Papa visitará Santiago con motivo del Año Santo Compostelano y, en Barcelona, consagrará el templo de la Sagrada Familia. La Conferencia Episcopal Española, se lee en la mencionada nota, colaborará con las diócesis mencionadas en todo lo que sea necesario.

Texto complet de la audiencia: Read the rest of this entry »

Published in: on marzo 4, 2010 at 3:55 pm  Dejar un comentario  

La Cuaresma como combate nuevo

No es una novedad presentar la vida espiritual como un combate. Y el tiempo de cuaresma nos recuerda con su ascesis esa gran batalla, que se desarrolla más allá de las apariencias de este mundo visible, y como un nuevo tentador, pretende por medio de la seducción de este mundo lograr que se olvide y se rechace a Dios. De la literatura rusa se pueden sacar tres ejemplos que representan muy bien los diversos tipos de seducción y olvido de Dios. Os recomiendo estos enlaces:

V. Soloviev: “La leyenda sobre el Anticristo” y la seducción del falso ideal seudo-humanístico.

Vladimir Sergeyevich Solovyov

Soloviev escribió La leyenda sobre el Anticristo hacia el final de su vida, y esta obra contiene muchos elementos proféticos. Según el autor, la preparación inmediata a la venida del Anticristo sería el siglo XX, con sus terribles guerras nacionalistas. Tras el panhelenismo, pangermanismo y paneslavismo, aparece el panmongolismo. La raza amarilla ocupará Europa, primero con los obreros y después militarmente. Las guerras serán todas mundiales y producirán el caos universal. 

Pero estos desastres tienen un efecto bueno: la caída de las ideologías, por las que la gente se mataba. Los hombres ya no creerán en nada. Pensarán que el único valor es vivir y dejar vivir a los demás; si no, será la muerte para todos. Pero no saben cómo poner en práctica esta actitud humanitaria. 

Justo en ese momento nace un hombre genial, de aspecto bello, elocuente, filántropo. Al principio no está contra Cristo. Pero luego lo considera un iluso idealista, que quería unir a los hombres, y creo nuevas divisiones entre buenos y malos, entre creyentes y ateos; que predicaba la paz y trajo al mundo la espada. 

En ese momento, al personaje genial le viene una idea que acepta inmediatamente: el verdadero Hijo de Dios seré yo, haré lo que no ha conseguido hacer Cristo. Al mismo tiempo, se siente ayudado por una gran fuerza. Una figura oscura y fosforescente le dice: «Yo soy tu dios y padre, tú eres mi hijo amado». 

Entonces, el hombre se pone a la obra. Publica el escrito El camino abierto hacia la paz y el bienestar universal. Tiene un éxito enorme. Hasta los cristianos lo consideran un cristiano anónimo. Vienen luego los éxitos políticos. Es elegido presidente del parlamento europeo, después emperador de Roma y, al final, rey del mundo. «Mi paz os doy» dice. 

Pero todavía hay algunos problemas que resolver. Los cristianos decían que eran inconciliables la fe y la razón, junto al emperador aparece un prelado de corte, obispo católico ex partibus infidelium, que ha estudiado las prácticas mágicas y sabe que los llamados milagros y las visiones místicas se pueden explicar y reproducir científicamente. 

En seguida son resueltos todos los problemas sociales. La tierra tiene riquezas para todos. Basta dividirlas sensatamente. 

El último problema son los cristianos. Han quedado pocos, sólo 45 millones, pero son fervorosos e intransigentes, desesperadamente divididos en católicos, ortodoxos y protestantes. El papa de los católicos vive en San Petersburgo, con la condición de que no haga ninguna propaganda; los protestantes están diezmados por el racionalismo, pero hay todavía un grupo que se inspira en el ejemplo de la Iglesia de los primeros apóstoles. Los ortodoxos han perdido millones de fieles, pero atraen todavía a la gente con los iconos, los cantos y las tradiciones. 

El emperador del mundo traslada su sede a Jerusalén. Allí es donde se entera de que los cristianos constituyen su única oposición, aunque se callan y obedecen a las leyes del imperio. Al emperador le viene la idea de convocar un concilio ecuménico en Jerusalén, en la planicie del antiguo templo, ahora destinado a todos los cultos. Es invitado el papa, que muere durante el viaje, y el cónclave elige papa en Damasco al cardenal napolitano Simón Barionini, que acepta con el nombre de Pedro II. Por los ortodoxos llega la legendaria figura del starec Juan y, por los protestantes, se presenta el docto profesor Ernesto Pauli. Les acompañan sus delegaciones respectivas. 

El concilio se abre el 14, de septiembre (fiesta de santa Sofía). Tras la liturgia en lugares separados, llega el emperador, mientras suena la marcha de la unidad. El discurso del emperador es en estos términos: «Cristianos de todas las religiones, mis queridos súbditos y hermanos… ». Y sigue el ofrecimiento: «Decid lo que queréis, que yo os lo daré». Pero los cristianos no logran expresar un deseo. Entonces sigue un nuevo ofrecimiento: a los católicos el primado universal del papa romano; a los ortodoxos un gran museo de la antigüedad cristiana en Constantinopla; a los protestantes los estudios bíblicos en la Universidad de Tubinga. 

El entusiasmo de una gran parte de los cristianos es enorme. Pero hay también resistencias, y los tres representantes principales no aceptan el ofrecimiento. El emperador está disgustado. Se levanta el starec Juan: «Gran emperador, nos das grandes cosas, pero a nosotros lo que nos importa es la persona de Cristo. De ti no podemos tomar nada si no vemos en ti la mano de Cristo». 

El emperador cambia de cara, el mago Apolonio hace surgir el fuego y el starec Juan exclama: «Hijos míos, ¡es el Anticristo!», cayendo fulminado. Pedro II recita el exorcismo, y cae muerto también él. El profesor Pauli escribe entonces las actas del último concilio: «Para gloria del único Salvador Jesucristo. Nuestro hermano Juan ha reconocido al Anticristo y nuestro padre Pedro, siguiendo las reglas canónicas, lo ha expulsado de la Iglesia. Los dos han muerto mártires de esta confesión. Nosotros, que hemos permanecido fieles, iremos al desierto a esperar la venida de Jesucristo». El profesor Pauli, con un grupito de fieles, lleva los muertos a un lugar vecino a la tumba del Señor, donde también ellos tienen que ser vigilados por los soldados. 

Después el Anticristo convoca el cónclave: es elegido papa el mago Apolonio. Se proclama la unión de todos y se celebran grandes fiestas. 

Llega la noche, los soldados que cuidan la tumba duermen. El starec Juan y Pedro II resurgen y se abrazan diciendo: «Hijos míos, por fin somos uno». El profesor Pauli da la mano al papa, diciendo: Tu es Petrus. En el cielo aparece un gran signo, la Señora vestida de sol. Pedro dice: «¡Ésta es nuestra guía!». Pero el último gran movimiento viene de los hebreos. También ellos comprenden que todos los bienes que han recibido en la historia no son más que el símbolo de la venida de Cristo. Por eso, ellos también van a encontrarlo en el desierto. 

El significado del relato es claro. En la historia, la humanidad recibe muchos valores Profanos y religiosos. La tentación es preferir los dones y olvidarse del Dador, o sea, de Cristo y su venida. 

Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik 

Tags: anticristo, ascesis, Cristo, cuaresma, espiritualidad, lucha, Soloviev 

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Dostoievski: la novela “El idiota” y el Anticristo ideológico

Fiódor Dostoyevski. Retrato por Vasili Perov, 1872

La novela El idiota de Dostoievski a primera vista parece muy enigmática. Algunos han pensado que se estaba describiendo a un cristiano auténtico. Se dice que hasta Nietzsche, después de haberla leído, mejoró su disposición respecto al ideal cristiano. Pero si nos situamos en la problemática de la época en que está escrita la novela, resulta más difícil admitir esa benévola interpretación. 

Hacia finales del siglo pasado, muchos intelectuales rusos y extranjeros se sentían encantados por el profeta de la no resistencia al mal, L. N. Tolstói. Sus relatos y sus teorías parecían que propagaban el cristianismo en su forma más pura. Tolstói era para sus seguidores un nuevo san Francisco de Asís, pero moderno, liberado de los elementos mitológicos. Hay que tomar al pie de la letra la doctrina moral del evangelio y observarla con todas sus consecuencias, decía el escritor, pero los milagros de Jesús y su misteriosa persona pertenecen a la mitología y, por tanto, carecen de interés. La actitud de Dostoievski es diametralmente opuesta. Responde a Tolstói con su novela El idiota, cuyo argumento es el siguiente. 

El príncipe Myspkin es dado de alta de una casa de reposo de enfermos mentales en Suiza y vuelve a San Petersburgo, su ciudad natal, con poco dinero. Allí se entera de que es dueño de una rica herencia y se manifiesta no apegado al dinero. En los salones de la ciudad imperial se muestra como un verdadero cristiano: perdona las ofensas, piensa bien de todos, no cede al mal. Al principio le miran con escepticismo y sonrisas enigmáticas, pero termina haciéndose simpático a todos. Llega un momento en que la historia toma un giro de infortunio. El príncipe es objeto de disputa entre mujeres y se ve arrastrado a asistir a un crimen. Es incapaz de impedirlo. Lo llevan a la cabecera de un enfermo de tuberculosis moribundo. La única reacción que le sale es decir: «Muérete y envídianos a nosotros la suerte que tenemos de vivir». 

Debía ser Cristo, pero demuestra que es un impostor. Dostoievski se pregunta: ¿Qué sería la enseñanza moral del evangelio sin la persona de Cristo y sin su fuerza divina? Sería una ideología de locos. De hecho, el protagonista de su novela termina en el mismo manicomio del que había salido. 

Podemos trasladar esa idea al contexto bíblico. Los profetas combaten la idolatría pagana; san Juan Bautista y Jesús tendrán que oponerse a la idolatría de la ley del fariseísmo. La ley es divina, pero separada de Dios sirvió para condenar a muerte al Hombre-Dios. Desde siempre la idolatría de ideales y normas es un espíritu que produce herejías y fanatismos. Por medio de esos ídolos el Anticristo domina el mundo, disfrazándose de ángel de la luz. 

Cfr. El Camino del Espíritu, de Tomas Spidlik 

Tags: anticristo, ascesis, Cristo, cuaresma, Dostoievski, espiritualidad, lucha 

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N. V. Gogol: “El Retrato” y la seducción carnal

  Busto de Nikolai Gogol, en St. Petersburgo.

El escritor N.V. Gogol en su relato El Retrato describe muy bien lo que podríamos denominar la seducción o anticristo carnal. Su contenido es muy sencillo. 

Un pintor ha hecho presente al diablo en el mundo por medio de su arte. Para remediar su culpa, elige la vida ascética para revivir a Cristo en la propia persona y encarnarlo en este mundo. 

La narración es transparente, pero están latentes algunos temas fundamentales de la espiritualidad oriental. El primero es el olvido de Dios a causa del aturdimiento de los sentidos. El arte de los iconos difiere del arte profano en una propiedad que se llama «ayuno de los sentidos». El pintor debe ofrecer a la vista del espectador sólo lo que sirva para expresar la idea y el sentido espiritual. Por ejemplo. Al pintar en un Icono a los pastores que cuidaban el rebaño en Belén: la idea se expresa plenamente con dos ovejas. Para pintar a María Magdalena haciendo penitencia en el bosque: se expresa claramente la idea con dos árboles. Por el contrario los pintores románticos, en cambio, ofrecen la belleza teatral del bosque con la mujer llena de atracción carnal. El cuadro, que debía ser sagrado, se hace diabólico, atrae hacia sí y hace olvidar aquello a lo que debería llevar. 

El pecado principal contra el que combaten los profetas del Antiguo Testamento es la idolatría, imagen de la divinidad que hace olvidar al verdadero Dios. Todo lo creado debería hablarnos de Dios, y el Anticristo nos lo hace olvidar. 

¿Cómo luchar contra él? Los artistas del icono, con el ayuno de las formas, pueden conseguir el punto justo. Pero la novela de Gogol profundiza todavía más. La primera imagen de Dios somos nosotros mismos, y Dios tiene que ser visible en nosotros. Sólo después resplandecerá también en el mundo. La carne humana está destinada a transfigurarse, a volverse diáfana, transparente. El asceta predica de modo visible que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Published in: on febrero 28, 2010 at 5:02 pm  Comments (1)  

Mensaje de Cuaresma 2010

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2010

Published in: on febrero 17, 2010 at 7:17 pm  Dejar un comentario  

Texto “cuaresmal” de San Clemente Romano

En una alocusión de los miércoles el Papa Benedicto XVI nos presentaba a San Clemente Romano, como tercer sucesor de Pedro que animaba a los destinatarios de su Carta y a todos los cristianos pues el mensaje cristiano, en palabras del papa actual “Es un anuncio que llena de alegría nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros pecados”.

Los primeros capítulos de la carta son exhortativos a la conversión, al entrar en si mismos para reconocer los fallos y pecados. Son capítulos de conversión y por ello la Liturgia de las horas ha venido poniéndolos en los comienzos de la cuaresma. Pongamos algunos textos

Miércoles de Ceniza                

Convertíos                

[De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios       (Caps. 7, 4-8, 3; 8, 5-9, 1; 13, 1-4; 19, 2: Funk 1, 71, 72, 73. 77, 78, 87)]                

Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la penitencia para todo el mundo.                Recorramos todos los tiempos, y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a él. Noé predicó la penitencia, y los que lo escucharon se salvaron. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido.               

De la penitencia hablaron, inspirados por el Espíritu Santo, los que fueron ministros de la gracia de Dios. Y el mismo Señor de todas las cosas habló también, con juramento, de la penitencia diciendo: Por mi vida -oráculo del Señor-, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta; y añade aquella hermosa sentencia: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo “Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como púrpura y rojos como escarlata, si os convertís a mi de todo corazón y decís: “Padre”, os escucharé como a mi pueblo santo”.               

Queriendo, pues, el Señor que todos los que él ama tengan parte en la penitencia, lo confirmó así con su omnipotente voluntad.  Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio, e, implorando con súplicas su misericordia y benignidad, recurramos a su benevolencia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las contiendas y la envidia, que conduce a la muerte.    Seamos, pues, humildes, hermanos, y, deponiendo toda jactancia, ostentación e insensatez, y los arrebatos de la ira, cumplamos lo que está escrito, pues lo dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza; el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, para buscarle a él y practicar el derecho y la justicia; especialmente si tenemos presentes las palabras del Señor Jesús, aquellas que pronunció para enseñarnos la benignidad y la longanimidad.               

Dijo, en efecto: Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia; perdonad, y se os perdonará; como vosotros fijáis, así se os hará a vosotros; dad, y se os dará; no juzguéis, y no os juzgarán; como usaréis la benignidad, así la usarán con vosotros; la medida que uséis la usarán con vosotros.   Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia a sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.    Como quiera, pues, que hemos participado de tantos, tan grandes y tan ilustres hechos, emprendamos otra vez la carrera hacia la meta de paz que nos fue anunciada desde el principio y fijemos nuestra mirada en el Padre y Creador del universo, acogiéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz 

Published in: on febrero 29, 2008 at 5:57 pm  Dejar un comentario  
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NOTA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

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Published in: on febrero 11, 2008 at 12:56 pm  Dejar un comentario  

Vuelvo con los enfermos

Un mes he estado ausente de mi cita con vosotros. Ya en la brecha aprovecho la ocasión de la fecha -11 de febrero, Nuestra Señora de Lourdes y Jornada Mundial del enfermo- para brindaros junto al Mensaje del Papa Benedicto XVI para esta ocasión algunos párrafos que me han parecido mas significativos    

        El 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo, ocasión propicia para reflexionar sobre el sentido del dolor y sobre el deber cristiano de salir a su encuentro en cualquier circunstancia que se presente. Este año, en esa fecha coinciden dos importantes acontecimientos para la vida de la Iglesia, como se puede apreciar ya en el tema elegido —”La Eucaristía, Lourdes y la atención pastoral a los enfermos”—: el 150° aniversario de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes y la celebración del Congreso eucarístico internacional en Quebec (Canadá). De ese modo se brinda una ocasión singular para considerar la íntima unión que existe entre el misterio eucarístico, el papel de María en el plan salvífico y la realidad del dolor y del sufrimiento del hombre.

El 150° aniversario de las apariciones de Lourdes nos invita a dirigir la mirada hacia la Virgen santísima, cuya Inmaculada Concepción constituye el don sublime y gratuito de Dios a una mujer, para que pudiera adherirse plenamente a los designios divinos con fe firme e inquebrantable, a pesar de las pruebas y los sufrimientos que debía afrontar.

Por eso, María es modelo de abandono total a la voluntad de Dios: acogió en su corazón al Verbo eterno y lo concibió en su seno virginal; se fió de Dios y, con el alma traspasada por la espada del dolor (cf. Lc 2, 35), no dudó en compartir la pasión de su Hijo, renovando en el Calvario, al pie de la cruz, el “sí” de la Anunciación.

Existe un nexo inseparable entre la Madre y el Hijo engendrado en su seno por obra del Espíritu Santo, y este vínculo lo percibimos, de manera misteriosa, en el sacramento de la Eucaristía, como pusieron de relieve desde los primeros siglos los Padres de la Iglesia y los teólogos.

«La carne nacida de María, procediendo del Espíritu Santo, es el pan bajado del cielo», afirma san Hilario de Poitiers; y en el Sacramentario Bergomense, del siglo IX, leemos: «Su seno hizo florecer un fruto, un pan que nos ha colmado de un don angélico. María restituyó a la salvación lo que Eva destruyó con su culpa».

Desde esta perspectiva se comprende mucho mejor por qué en Lourdes el culto a la santísima Virgen María va unido a un fuerte y constante culto a la Eucaristía, con celebraciones eucarísticas diarias, con la adoración del santísimo Sacramento y la bendición a los enfermos, que constituye uno de los momentos más fuertes de la visita de los peregrinos a la gruta de Massabielle.

La presencia en Lourdes de muchos peregrinos enfermos y de voluntarios que los acompañan ayuda a reflexionar sobre la solicitud materna y tierna que la Virgen manifiesta con respecto al dolor y a los sufrimientos del hombre.

Jesucristo redimió al mundo con su sufrimiento, con su muerte y resurrección, y quiso quedarse con nosotros como “pan de vida” en nuestra peregrinación terrena. El tema del Congreso eucarístico, «La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo», subraya que la Eucaristía es el don que el Padre hace al mundo de su único Hijo, encarnado y crucificado. Él es quien nos reúne en torno a la mesa eucarística, suscitando en sus discípulos una solicitud amorosa en favor de los que sufren y los enfermos, en los que la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor.

Por consiguiente, si en Quebec se contempla el misterio de la Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo, en la Jornada mundial del enfermo, con un paralelismo espiritual ideal, no sólo se celebra la efectiva participación del sufrimiento humano en la obra salvífica de Dios, sino que también se puede gozar, en cierto sentido, de los extraordinarios frutos prometidos a quienes creen. Así, el dolor, acogido con fe, se convierte en la puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor de Jesús y para llegar con él a la paz y a la felicidad de su resurrección.

Se trata de una ocasión para subrayar la importancia de la santa misa, de la adoración eucarística y del culto a la Eucaristía, haciendo que las capillas en los centros de salud se transformen en el corazón palpitante en el que Jesús se ofrece incesantemente al Padre para la vida de la humanidad. También la distribución de la Eucaristía a los enfermos, hecha con decoro y espíritu de oración, es verdadero consuelo para quienes sufren por cualquier forma de enfermedad.

Encomiendo a todos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, Inmaculada Concepción. Que ella ayude a cada uno a testimoniar que la única respuesta válida al dolor y al sufrimiento humano es Cristo, el cual al resucitar venció la muerte y nos dio la vida que no tiene fin.

Con estos sentimientos, imparto de corazón a todos una bendición apostólica especial.

Vaticano, 11 de enero de 2008

Published in: on febrero 11, 2008 at 11:10 am  Dejar un comentario  

Compromiso

Muy buena idea, Rafael, la de meterse en el laberinto dónde ya no se tiene perspectiva. Y excelente tambien el comentario que un lector asiduo te hace sobre el compromiso. Por ello permíteme que la reproduzca tal cual. Gracias 

Published in: on julio 20, 2007 at 10:39 am  Dejar un comentario  
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Matrimonio y familia

null   Matrimonio y familia (2 ª Ed. )

Juan Ignacio Bañares / Jorge Miras

Una introducción sintética a los temas fundamentales sobre el matrimonio y la familia en la revelación cristiana. Los autores procuran mostrar razonadamente, a la luz de las enseñanzas más recientes del magisterio eclesial, la profunda coherencia de la doctrina y de la moral católicas con una visión integral de la persona humana.

Juan Ignacio Bañares (Barcelona), sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, Licenciado en Filosofía e Historia de la Educación por la Universidad Central de Barcelona y Doctor en Derecho canónico por la Universidad de Navarra, donde es Profesor de Derecho Matrimonial desde 1984. Es Subdirector del Instituto de Ciencias para la Familia, de la misma Universidad, y desde su ordenación en 1979 ha trabajado con la juventud universitaria.

Jorge Miras (Ceuta), sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, es Doctor en Derecho canónico y Doctor en Derecho por la Universidad de Navarra, en cuya Facultad de Derecho canónico enseña Derecho administrativo y desempeña actualmente la función de Decano. Es autor de numerosas publicaciones en el ámbito de su especialidad y ejerce su actividad pastoral desde hace casi veinte años en la atención de estudiantes universitarios,

Cód.: 145019 ISBN: 9788432136221

13,0X20,0 cms. 208 págs. Rústica

Published in: on marzo 19, 2007 at 11:00 am  Comments (2)