Velar por Dios y velar por los hombres

FRANCISCO DE BORJA SANTAMARÍA | PROFESOR DE FILOSOFÍA
Europa quisiera ser, como lo fue en épocas pasadas, una referencia para el mundo en el momento presente; un momento en el que la humanidad se enfrenta con desafíos descomunales, en el que la paz es enormemente precaria y en el que la globalización da la impresión de imprimir a los problemas dimensiones insospechadas. Pero a nadie se le escapa que Europa viene arrastrando una profunda crisis de identidad, que amenaza seriamente su capacidad de ejercer un mínimo liderazgo moral y cultural. Las dificultades que la propia construcción europea atraviesa no son ajenas a esa crisis.
En este contexto de crisis europea, ¿puede la Iglesia aportar algo a Europa? Ésa fue, ni más ni menos, la pregunta formulada ayer por Benedicto XVI en la homilía que pronunció durante la Eucaristía celebrada en el imponente marco de la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, en una ceremonia cargada de solemnidad y belleza.
La respuesta del Santo Padre a esa pregunta fue sencilla y contundente. La Iglesia invita a Europa a mirar a Dios y a liberarse del dramático antagonismo que el siglo XIX europeo estableció entre el hombre y Dios; y, más concretamente, entre la libertad y Dios. Esa antítesis es falsa y deletérea. Es absurdo, viene a decir Benedicto XVI, que Dios, que nos ha creado por amor y que nos ha creado libres, pueda ser enemigo de la libertad. El amor a Dios ha de conducir al servicio al hombre; y sólo se puede servir al hombre, también en sus necesidades más materiales, dándole a conocer su más profunda verdad: que es criatura de Dios. «No se puede dar culto a Dios -manifestó el Papa- sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él». Por eso concluyó que lo que la Iglesia quiere para Europa es «velar por Dios y velar por el hombre».
Pero, para eso, el hombre europeo necesita perder el miedo a la verdad; concretamente, superar la lamentable equivocación moderna de pensar que la libertad solo se afirma arrinconando la verdad. El Papa, que se presentó a sí mismo como peregrino de la fe, había recordado por la mañana en la ceremonia de bienvenida que el ser humano es un peregrino en busca de la verdad: una hermosa imagen para resumir la vida del hombre.

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Published in: on noviembre 8, 2010 at 2:58 pm  Dejar un comentario  

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