La conciencia: un camino dificil hacia la felicidad

Crimen y castigo Feodor Dostoievski

Desvelar el final de una novela es tan ilógico como disparar cien fuegos de artificio en pleno mediodía. Crimen y castigo adelanta con su título cómo se va a ovillar la trama y luego desenredar ese tejido amplio y desgarrado que encarna Raskólnikov, el estudiante de Derecho a quien consume la miseria material, el joven apuesto que se siente complicada y torturadamente superior en inteligencia y capacidad al común de los mortales y que se la juega al cometer un asesinato que acaba siendo doble. Mata por salvar del hambre a sus familiares, por poder seguir creciendo él, por creerse alguien que puede quebrantar los principios de la moral y las leyes de los hombres. El crimen es perfecto. Y Raskólnikov logra salir impune. 

A lo largo de 1866, Dostoievski (1821-1881), novelista excepcional, fue remitiendo, por entregas, a una revista de Moscú seiscientas apasionadas páginas que responden a ese patrón, propio del folletín, de entrelazar y complicar la intriga y abrir las expectativas del lector. Dostoievski sabía desabrochar el alma humana porque la conocía hasta sus honduras y distinguía los rastros del dolor porque los había visto de cerca y comprendía qué preguntas escuecen con más fuego por dentro —los territorios del Bien y del Mal frente a frente, la fuerza salvadora del amor, el destino del sufrimiento…— y bordó personajes imborrables: el arrepentido y tortuoso Raskólnikov, la intachable Sonia, el astuto juez Petróvich…

Años antes, en la déspota Rusia de Nicolás I, a Dostoievski lo habían delatado y condenado, por actividades subversivas —conspiración—, a la pena capital. Ante el pelotón de fusilamiento le comunicaron que el zar conmutaba la muerte por la deportación a Siberia. En aquellas abyectas circunstancias de cárcel, enfermo y rodeado de malhechores y desdichas, leyó la Biblia y —dicen— su vida cambió de arriba abajo. Allí concibió Crimen y castigo. Bosquejó en 1865 el plan de la novela, escribió decenas de páginas y decidió desecharlas y cambiar el punto de vista del narrador. Recomenzó. Fue redactando los capítulos para la revista, y al año siguiente, antes de publicarla en libro, aún la volvió a corregir. 

Crimen y castigo es más que una colosal novela. Es un monumento a cómo llegar a redimirse y acercarse finalmente a la felicidad por los caminos más difíciles, más profundos, pero tal vez los más comunes.

Texto Joseluís González [Filg 83]. Ilustración Juan Luis Roquette [Arq 01]

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Published in: on agosto 22, 2010 at 2:49 pm  Dejar un comentario  

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