La adolescencia: retrato de un “teenager”

{p41} –>“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada”. 

El inicio de El guardián entre el centeno pertenece –como aquellos de El Quijote, Ana Karenina o La metamorfosis, de Kafka– al exclusivo club de comienzos de obras de la literatura universal que son, en todos los sentidos de la palabra, memorables. Desde sus primeras líneas, la novela de J. D. Salinger retrata con vigor el carisma del joven protagonista. Es él, Holden Caulfield, quien, convaleciente en un hospital psiquiátrico, narra al lector su huida de un colegio privado y su deambular por Nueva York durante tres días, antes de regresar a casa desalentado y enfermo. Como un Huckleberry Finn moderno, vive las aventuras propias de una fuga juvenil, donde la maduración interior del personaje es tanto o más importante que su recorrido geográfico.  

En la sucesión de episodios que vive Holden se manifiesta su carácter típicamente adolescente. Está en constante pugna con el mundo que le rodea, incómodo por moverse en un terreno inestable y difuso que no pertenece ni a la infancia ni a la edad adulta. Admira la sencillez y la inocencia de su hermana pequeña, Phoebe, y detesta la hipocresía que impera en el comportamiento de muchos “mayores”. Con la misma velocidad con que despliega su verborrea –resultado de la maestría estilística de Salinger en reflejar con naturalidad el lenguaje coloquial–, el ánimo de Holden oscila entre la euforia y el abatimiento, alternando el narcisismo con la timidez. Su idealismo contrasta con el egoísmo que aflora en los escarceos amorosos con Sally y Jane, pues tan intenso como su miedo al compromiso es su deseo de sentirse querido. 

Este cóctel emocional es el que provoca el ingreso en el sanatorio de un Holden que ignora, como decía George Bernard Shaw, que “la juventud es una enfermedad que se cura con los años”.

Texto Javier Serrano [Com 03, PhD 09]. Ilustración Andoni Egúzquiza [Com 98]

Anuncios
Published in: on agosto 22, 2010 at 3:18 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://jchordi.wordpress.com/2010/08/22/la-adolescencia-retrato-de-un-teenager/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: