El esfuerzo: la vida como es

Gran Sol

Ignacio Aldecoa

El mar, entendido la mayoría de las veces como un microcosmos donde el hombre se encuentra radicalmente solo ante la adversidad pero también ante la belleza, es un tema recurrente en la literatura de Ignacio Aldecoa (1925-1969), quien no sólo pasó algunas etapas de su vida en Ibiza y en las Islas Canarias, sino que también recorrió las costas atlántica, cantábrica y mediterránea con verdadera asiduidad. La aparición en su obra del elemento marítimo como argumento narrativo y estético no se entiende, por tanto, sin hacer referencia a su biografía. “Desde su infancia Ignacio Aldecoa soñaba con las islas”, explicó su viuda Josefina Rodríguez en 1995, quien además vinculó el mar a todas las “búsquedas, hallazgos y vacilaciones de hombre” de su marido.

En 1957, antes de escribir la novela Gran Sol, Aldecoa hizo lo mismo que esos actores que pasan un tiempo en un psiquiátrico o en una cárcel cuando les toca interpretar a un loco o a un delincuente. Durante un mes, vivió en un barco con unos marineros cántabros que se dedicaban a la pesca de altura. De esta experiencia surgió, por un lado, el título del libro, que es un homenaje a los pescadores que trabajan en el Mar del Gran Sol, un caladero situado entre los paralelos 48 y 60, al oeste de las islas británicas, conocido entonces tanto por sus fondos ricos en pesca como por sus aguas salvajes. Y, por otro, el argumento de la novela: el día a día en un navío, el Aril, cuyos trece tripulantes se dedican a faenar en el Atlántico. El mar, escenario pero también protagonista de Gran Sol, se convierte así en el único testigo de las fatigas, de la lucha y de las pequeñas ilusiones de un grupo de marineros que, a pesar del cansancio y la desesperanza, poseen la rara virtud de aceptar la vida tal como es.

Pocos escritores como Aldecoa han comprendido el carácter de la gente que se esfuerza sin esperar nada a cambio. De aquí que sus historias, herederas del realismo anglosajón de mediados del xx, posean además ese toque legendario de las grandes narraciones épicas. El propio Aldecoa dijo en una ocasión que con su literatura pretendía desarrollar “la épica de los grandes oficios”, lo que hace de los pescadores de Gran Sol una suerte de héroes de dimensiones humanas. El patrón Simón Orozco, el contramaestre José Afá o Macario Martín son hombres cansados, llenos de ojeras y de arrugas, que se mueven despacio cuando están en tierra, como si quisieran dilatar el tiempo en que el suelo está bajo sus pies. Una vez en el Aril, sin embargo, parecen olvidarse de sí mismos para seguir los dictados del mar. Se transforman entonces en seres enérgicos, vitales, cuya fuerza de raíces casi mitológicas contrasta con lo humilde de sus deseos, con la pequeñez de sus aspiraciones, pues a cambio de su enorme trabajo solo piden “unos duros para poder vivir”.

Texto María Noguera [Com 01, PhD 07]. Ilustración Álvaro Pérez d’Ors

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Published in: on agosto 22, 2010 at 3:39 pm  Dejar un comentario  

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