Sin destino

 Imre Kertész

¿Consigue la escritura dar cuenta de la experiencia personal del sufrimiento? Alguna literatura de calidad logra, si no trasladar ese sufrimiento, sí tender el puente entre el lector y el sufrimiento del otro, hace que el lector se ponga en el lugar del otro, que resuene la pregunta del Génesis: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”.

Imre Kertész (Budapest, 1929) empezó a escribir Sin destino 15 años después de su liberación de Buchenwald, y tardó diez años más para terminar una novela que se acerca a expresar lo inefable del sufrimiento humano. El propio Kertész escribe en su colección de ensayos Un instante de silencio en el paredón que La vida es bella expresa mucho mejor que La lista de Schindler la realidad del campo de exterminio. La fábula es el camino, señala el Nobel, no la pretensión documental o una representación kitsch. Así, el protagonista de Sin destino es Gyuri Köves, adolescente con la edad aproximada de Kértesz en aquellas fechas, que vive en Budapest, como Kertész… La creación de un alter ego ya muestra una opción del autor por la fábula, antes que por el testimonio autobiográfico. La historia es trágica desde el principio: con la despedida festiva del padre, a sabiendas de que va a la muerte; con la opción del adolescente por viajar a Auschwitz pronto, antes de que los trenes vayan muy llenos y el viaje sea más “incómodo”; por su admiración quinceañera ante la disciplina y el orden eficaz en la llegada a Auschwitz-Birkenau… El joven va descubriendo el horror sin comprender en tiempo real ese horror, aceptándolo con una naturalidad imposible para el lector, que siempre va un paso por delante, sobrecogido.

El último capítulo de Sin destino muestra como pocas obras de la literatura universal el efecto del regreso, sobre todo cuando se regresa del infierno: la incapacidad para dar cuenta de eso, el silencio de los supervivientes, los que prefieren actuar como si eso no hubiera existido, la indiferencia, las preguntas vanas… A pesar del pesimismo, Sin destino achica al lector la distancia con el sufrimiento ajeno, ayuda a comprender.

Texto Josean Pérez Aguirre [Com 95]. Ilustración Javier Muñoz

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Published in: on agosto 20, 2010 at 2:49 pm  Dejar un comentario  

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