Calor


Aquí estamos, de viernes, mis amigos y yo. No me preguntéis de qué nos reíamos porque no me acuerdo. A lo mejor los mojitos de mi cuñado (que es el del polo naranja) tuvieron algo que ver. La que se tapa la cara es mi hermana, Susana. La embarazadísima de negro es Cristina. Mamen es la que lleva el vestido verde agua, que es una pena que no se vea porque es precioso. Y el que nos da la nuca es Miguel. Los pasamos de miedo y acabamos a las tantas.
No he podido resistirlo y he empezado “Derrumbe”, de Menéndez Salmón. En las cien primeras páginas ya he decidido que hubiese querido escribirlo yo. La de Ricardo es una de las más brillantes, depuradas y ricas prosas de toda nuestra generación. Diré más cuando lo acabe.

Escribo mientras juega España. Por las calles, hace media hora, se paseaban las banderas rojas y amarillas (o gualdas, que ya lo decía Alfredo Landa, es el amarillo en plan bandera) y alguien hacía vudú al cretino de Íñigo Urkullu, que quiere que gane Rusia. Este es el nazionalismo, la burramia, la gilipollez en estado puro. Si hoy gana España, me acordaré de Urkullu. Y si no gana, también: me encantan los tontainas que cuando quieren cruzar el charco tienen que llevar su pasaporte con el “España” bien clarito. Qué tropa, por Odín.

Ayer Marcial y yo salimos a airearnos y a dsifrutar del calor, y nos encontramos, feliz sorpresa, con Martín y Nico Casariego. Acabamos los cuatro en el Susan Club, y Martín me ofrece una disyuntiva: una segunda ronda o el desayuno ritual de los jueves. ¿Alguien adivina qué elegí?

Veo en DVD “En el valle de Elah”, con un insuperable Tommy Lee Jones al frente del reparto como ex combatiente rudo y contenido que descubre de un plumazo que su hijo es un cabrón y la guerrade Irak, una mierda. Supongo que siempre habrá un listo que le recuerde “Ya te lo decía yo”. Me quedo con la expresión desolada de Jones cuando entiende por fin que el horror no tiene límites: el rostro contenido de tragedia masticada. Un actor de raza.

Me llaman de la revista “Época” para preguntarme qué opino sobre la (pen) última genialidad de la ministra Aído: una biblioteca para mujeres. Empiezo aclarando que creo que la señorita Aído se ha explicado mal, porque me resisto a creer en la estupidez en estado puro cuando se trata de un miembro del gobierno de mi país, aunque en este caso el miembro sea miembra. Lode separar a los lectores por sexos me parece tan demencial que induce a risa. Y, además, no es muy original: en época de Franco, los colegio separaban a niños y niñas, y las cosa coleó durante varias generaciones. Hoy, Aído se ha aclarado un poco (es un decir): se trata de recuperar en una biblioteca textos de mujeres que resulta que son buenísimos, pero que han sido relegados porque no los han escrito hombres. Las catacumbas están llenas de excelentes novelas,ensayos y poemas deliberadamente ocultos porque, ay, los escribieron damas, qué desgracia y que pena, menos mal que llega Aído para rescatar los textos de marras de la oscuridad y el olvido. Así que al final lode la biblioteca va a estar bien. Y yo me pregunto ¿para esto hace falta todo un ministerio?

Me escribe Nuria Azancot, de El Cultural de El Mundo, para que le escriba unas líneas sobre la polémica sobre el español. Le digo que el español no está en peligro. Hacen falta algo más que unas docenas de mamarrachos para hacer peligrar una lengua que hablan más de cuatrocientos millones de personas. Lo que peligra es el derecho de las personas a usarlo en la comunidad gallega, catalana, vasca y balear. Así que estamos hablando no de un problema lingüístico, sino de un problema de libertades. Y eso sí que es peliagudo.

Si un día me da un telele en San Sebastián, por poner un ejemplo, y tienen que operarme de urgencia, me gustaría poder leer el texto de consentimiento que hay que firmar antes de entrar en quirófano. Supongo que a ustedes también. San Sebastián, un hospital, un quirófano… e Íñigo Urkullu pululando por allí. Que gran pesadilla. Qué personaje.

Y ACABA EL PARTIDO Y GANA ES-PA-ÑA. Ambientazo en la Plaza, silbatos, banderas, gritos y aplausos. La escena más bonita, tras el gol de Güiza: un muchacho negro salió de uno de los bares y celebró el tanto de un país que ya siente suyo corriendo entre las mesas, abiertos los brazos como si fueran alas. Esto es España,Urkullu. Y si no te gusta, te montas una liga vasca, que va a ser muy brillante a base de partidos Hernani – Sestao.
Etiquetas: BAído, Derrumbe, El Cultural de El Mundo, Eurocopa, Güiza, Martín Casariego, Nico Casariego, Nuria Azancot, Urkullu

entrada de Marta Rivera de la Cruz a las 19:58

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Published in: on julio 17, 2010 at 11:44 am  Dejar un comentario  

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