La literatura apócrifa cristiana

La literatura apócrifa cristiana

La noción de “apócrifo”

En los primeros siglos del cristianismo se difundió una amplia literatura que imitaba los escritos del Nuevo Testamento. Son los evangelios, hechos, cartas y Apocalipsis que, por no ser canónicos, reciben el nombre de apócrifos. Esta palabra (apócrifo = escondido) señalaba al principio, en las religiones mistéricas y en el mundo gnóstico, que un escrito era secreto, reservado a los iniciados en alguna secta, que pretendían contener revelaciones que no se podían comunicar a todos. Pero, al no ser utilizados por la Iglesia, estos libros apócrifos pasaron a significar falso, espurio o legendario.

No obstante, muchos de esos escritos no tienen intenciones secretas ni heréticas, sino que fueron producidos por la devoción popular y su curiosidad por narrar más sobre los personajes neotestamentarios, apoyándose en fuentes o tradiciones de dudoso valor, y ‘completando’ los datos con otros de invención propia.

Ya en el siglo II antes de Cristo se habían escrito apócrifos del Viejo Testamento, que se conservaban después. Los cristianos retocaron varios de ellos y escribieron algunos más. Pero el mayor número de apócrifos escritos por cristianos se refieren al Nuevo Testamento y de estos es de los que tratamos aquí.

La aparición de los apócrifos cristianos del Nuevo Testamento comienza en el siglo II, quizá en sus primeras décadas; alcanza su mayor intensidad en el siglo IV; y no falta alguno escrito ya en la baja Edad Media.

Características generales de esta literatura

Los libros apócrifos difieren de los canónicos en que estos últimos, según enseña la Iglesia, están inspirados por el Espíritu Santo. Pero aun sin esta intervención especial del Magisterio, no sería difícil distinguir entre unos y otros, pues sus diferencias son obvias hasta en lo externo, en su estilo y en su forma. Así, por ejemplo, los evangelios apócrifos suelen embellecer los relatos de los evangelios canónicos, mostrando un gran entusiasmo por lo llamativo, por lo extraordinario y milagroso   [1]

El origen de estos escritos es muy variado. Por un lado, el Nuevo Testamento ofrece muy poca información sobre la vida de Jesucristo –especialmente sobre sus treinta primeros años- de la Santísima Virgen y de los Apóstoles. Algunos cristianos piadosos, deseando tener más información, recogieron por escrito tradiciones orales, pero como esto aún les resultaba insuficiente, procedieron a adornar las noticias que habían llegado a sus manos.

Por otra parte, los herejes –especialmente los gnósticos, para apoyar y difundir sus doctrinas, también escribieron libros a imitación de los canónicos. Muchas veces recogen cosas verdaderas para dar autoridad a sus obras, pero mezclándolas con otras falsas u ofreciendo versiones tergiversadas; a veces pretenden hacer creer que su autor es uno de los Apóstoles.

La calidad de los textos apócrifos es muy variada. Algunos son obras muy elaboradas, con gran riqueza doctrinal, y gozaron de gran prestigio: eran leídos en público, citados con frecuencia, etc. Otros, por el contrario, son una colección de fábulas, que presentan presuntos milagros que rayan en lo absurdo. Otros, por último, son fuertemente heréticos o de escaso interés.

Valor y utilidad para el conocimiento de la antigüedad cristiana

Es posible, aunque poco probable y, en todo caso, difícil de demostrar, que la literatura apócrifa contenga algún dato histórico no recogido en otros escritos. No obstante, se considera que aportan un buen número de datos auténticos sobre la vida de los primeros discípulos y de los propios Apóstoles, mezclados con otros que son claramente falsos.

Aunque no sean una fuente histórica fiable, resultan muy interesantes desde otro punto de vista. Porque de lo que realmente nos informan es de lo que pensaban los que lo escribieron y qué cosas gustaba oír a los lectores de su tiempo  [2]

. También nos proporcionan algún dato sobre la primitiva liturgia, sobre los costumbres de los cristianos y –lo que es más importante-  sobre sus creencias. Además, nos ayudan a entender el arte religioso que, en sus múltiples manifestaciones, ha buscado con frecuencia inspiración en algunas de las páginas de estos libros, especialmente en las más poéticas.

Clasificación de estos escritos

La denominación de apócrifos neotestamentarios engloba una literatura muy heterogénea, que sólo artificialmente se podría clasificar siguiendo los cuatro géneros literarios del Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos de tal o cuál Apóstol, Cartas y Apocalipsis).

Por ejemplo, en el grupo de los que podríamos llamar “dichos o hechos de Jesús” (Evangelios), podemos distinguir textos sueltos (fragmentos de obras perdidas), otros que guardan relación con alguno de los Evangelios canónicos, algunos que se centran solamente en parte de la vida del Señor o en algún episodio (por ejemplo, de la infancia del Señor, o bien de otras apariciones de Cristo resucitado diferentes de las que narran los Evangelios), colecciones de dichos y discursos atribuidos a Jesús, etc. No faltan tampoco evangelios legendarios y otros claramente heréticos (por ejemplo, gnósticos)

Evangelios
 Por proximidad al genero canónico

Son sinópticos y con fuentes similares o las mismas que los canónicos       Evangelio de Pedro

             Por origen judeo-cristiano

Cercanos al canónico Mateo o incluso al Mateo Arameo

Evangelio de los Nazarenos (s. II)

Evangelio de los Ebionitas, o de los Doce (s. III)

Claramente alejados del prototipo canónico

1.   Primitivos gnósticos

Son netamente heterodoxos, pretendiendo legitimizar sus opiniones que discrepan de la tradición de la Gran Iglesia apuntándose al nombre de uno de los grandes Apóstoles o de varios y especialmente nos referimos al material gnóstico hallado en la Biblioteca de Nag-Hammadi en cercanías de Alejandría.

Pistis Sophia, egipcio (s. II)

Libros 1 y 2 de Jehú

Versión copta del Evangelio según Tomás de Hag Hammadi (s II) (Trevijano, 58) (Ramos-Lissón, 95)

2.   Tardíos

Son textos originariamente gnósticos, que han sido traducidos o “reflexionados” en otras sectas o reutilizado su material por escritores católicos

Evangelios de los Hebreos       (s. III)

Evangelio griego según Tomás, de Oxyrhinchus (s. III)

Evangelio copto de Judas (s. IV)

            Evangelios para llenar “lagunas” de los canónicos

1. Evangelios de  la infancia o Natividad de Jesús

Proto-evangelio de Santiago (año 150, reañadidos s IV) (Drobner, 40)

Ev. Árabe de la infancia (s. IV)

Pseudo Mateo (s. IV)

Narración de la infancia de Tomás (s IV)

Historia de José, el carpintero (s. IV)

2. Evangelios de la Pasión

Evangelio de Nicodemus   

Hechos  de Apóstoles apócrifos

Hechos de Pedro

Hechos de Pablo

Igualmente, los “Hechos apócrifos” de los apóstoles son muy diversos entre sí. En general, más que pretender ceñirse a hechos históricos buscan entretener y lograr un efecto propagandístico y edificante: se muestra una inflación de historias de milagros y se presenta a los apóstoles como taumaturgos.

Cartas apócrifas

Entre las “Cartas”, una buena parte corresponde a escritos de alguna persona o grupo que desea impulsar sus ideas, y las quiere poner bajo el ‘patrocinio’ de algún apóstol para ganar en autoridad ó de todos como la llamada Epístola de los Apóstoles. Se podría incluir en este apartado la llamada Carta de Bernabé, ya estudiada. Muchas de ellas son heréticas.

Apocalipsis apócrifos

Apocalipsis de San Pedro

El Pastor, de Hermas, podría caer también en este apartado

Las “Apocalipsis apócrifas” son todavía más variopintas y, en general, de una imaginación desbordante.

Escritos apócrifos más significativos

El número de libros apócrifos es muy elevado. De todas formas, la mayoría de ellos no han llegado a nuestras manos, y de los que se conservan, muchos están incompletos.

Entre los veintiún evangelios apócrifos destaca el Evangelio según los Hebreos, escrito en la segunda mitad del siglo II, y muy usado entonces entre los cristianos de Palestina. Tiene especial interés por la información que suministra sobre Santiago el Menor y su estrecha relación con el Evangelio de San Mateo, hasta el punto que algunos creyeron que era el original arameo de San Mateo. Otro texto importante es el Protoevangelio de Santiago [3] que narra extensamente la infancia de la Virgen y de Jesús. La finalidad de toda la obra es probar la virginidad perpetua de María. Aporta también datos interesantes: por ejemplo, los nombres de los padres de la Virgen (Joaquín y Ana). Sin embargo, no está exento de errores históricos o afirmaciones contrarias a la Tradición. También existe una Historia de José el Carpintero, que pretende narrar la vida del Santo Patriarca.

Los Hechos apócrifos, además de intentar llenar la laguna de nuestros conocimientos sobre los Apóstoles, tuvieron una finalidad muy precisa: suministrar una literatura que sustituyera las fábulas eróticas de los paganos. Por esto, los hechos apócrifos, por lo general, son muy fantásticos y novelados. Destacan los Hechos de San Pablo, escrito hacia el 180 en Asia Menor, por la preciosa información que el autor muestra tener sobre San Pablo; y los Hechos de San Pedro, escritos en torno al año 190, donde se habla de su predicación y martirio; este escrito es el que recoge la tradición del quo vadis?

El más importante de los Apocalipsis apócrifos es el Apocalipsis de San Pedro [4] que llegó a ser considerado libro canónico en algún lugar. Fue compuesto entre el 125 y el 150. Es de gran calidad literaria. Las visiones que describen las bellezas del cielo y los horrores del infierno han influido notablemente en la literatura y el arte.

Por último, entre las Epístolas apócrifas merece especial mención, por su excelente calidad doctrinal, la Epístola de los Apóstoles, redactada entre el 140 y el 160. Afirma, por ejemplo, con una claridad meridiana, las dos naturalezas de Cristo, la Encarnación del Verbo, su consustancialidad con el Padre, etc. Sin embargo, contiene algún error en puntos secundarios. Se conservan también abundantes epístolas atribuidas a San Pablo, incluso una correspondencia entre San Pablo y Séneca, cuyo fin sería introducir las auténticas cartas de  San Pablo en el ambiente literario de Roma.

Referencias

o        Colección Ciudad Nueva Apocrifos Cristianos

o        ESTUDIOS SOBRE EL EVANGELIO DE TOMÁS

o        los evangelios apócrifos

o        Hechos Apócrifos


[1] Texto 1

Muerte de San José: «Padre mío misericordioso, Padre de la verdad, ojo que ve y oído que oye: escúchame, que yo soy tu hijo querido; te pido por mi padre José, la obra de tus manos (…). Al exhalar su espíritu, yo le besé. Los ángeles tomaron su alma y la envolvieron en lienzos de seda. Yo estaba sentado junto a él, y ninguno de los circunstantes cayó en la cuenta de que ya había expirado. Entonces puse su alma en manos de Miguel y Gabriel para que le sirvieran de defensa contra los genios que acechaban en el camino. Y los ángeles se pusieron a entonar cánticos de alabanza ante ella, hasta que por fin llegó a los brazos de mi Padre» (HISTORIA DE JOSÉ EL CARPINTERO, 22-23).

[2] Texto 2

Entierro y Asunción de la Virgen: «Y llevándose los Apóstoles el precioso cuerpo de la gloriosísima Madre de Dios, Señora nuestra y siempre Virgen María, lo depositaron en un sepulcro nuevo, allí donde les había indicado el Salvador. Y permanecieron unánimemente junto a él tres días para guardarle. Mas, cuando fuimos a abrir la sepultura con intención de venerar el precioso tabernáculo de la que es digna de toda alabanza, encontramos solamente los lienzos, pues había sido trasladado a la eterna heredad por Cristo Dios, que tomó carne de Ella» (LIBRO DE JUAN, ARZOBISPO DE TESALÓ-NICA, 14).

[3] Texto 3

Infancia de la Virgen: «Y día a día la niña se iba robusteciendo. Al llegar a los seis meses, su madre la dejó sobre la tierra para ver si se tenía; y ella, después de andar siete pasos, volvió al regazo de su madre. Ésta la levantó, diciendo: “Vive el Señor, que no andarás más por este suelo hasta que te lleve al templo del Señor” (…). Al llegar a los dos años, dijo Joaquín a Ana: “llevémosla al templo del Señor para cumplir la promesa que hicimos, no sea que el Señor nos la reclame y nuestra ofrenda resulte ya inaceptable ante sus ojos”. Ana respondió: “Esperemos todavía hasta que cumpla los tres años, no sea que la niña vaya a tener añoranza de nosotros”. Y Joaquín respondió: “Esperemos”. Al llegar a los tres años (…) la recibió el sacerdote quien, después de haberla besado, la bendijo y exclamó: “El Señor ha engrandecido tu nombre por todas las generaciones, pues al fin de los tiempos manifestará en ti su redención a los hijos de Israel”. Entonces la hizo sentar sobre la tercera grada del altar. El Señor derramó gracia sobre la niña, quien danzó con sus piececitos, haciéndose querer de toda la casa de Israel.

Bajaron sus padres, llenos de admiración, alabando al Señor Dios porque la niña no se había vuelto atrás. Y María permaneció en el templo como una palomita, recibiendo alimento de manos de un ángel» (PROTOEVANGELIO DE SANTIAGO, 148).

[4]  Texto 4

«Vi también otro lugar frente a éste, terriblemente triste, y era un lugar de castigo, y los que eran castigados y los ángeles que los castigaban vestían de negro, en consonancia con el ambiente del lugar.

Y algunos de los que allí moraban estaban colgados por la lengua: éstos eran los que habían blasfemado del camino de la justicia: debajo de ellos había un fuego llameante y los atormentaba.

Y había un gran lago, lleno de cieno incandescente, donde se encontraban algunos hombres que se habían apartado de la justicia (…). También había mujeres que colgaban de sus cabellos por encima de este cieno incandescente: éstas eran las que se habían adornado para el adulterio. Y los hombres que se habían unido a ellas (…) pendían de los pies y tenían sus cabezas suspendidas encima del fango, y decían: no creíamos que tendríamos que venir a parar a este lugar» (APOCALIPSIS DE SAN PEDRO).

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Published in: on marzo 4, 2008 at 8:02 am  Dejar un comentario  
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