Texto “cuaresmal” de San Clemente Romano

En una alocusión de los miércoles el Papa Benedicto XVI nos presentaba a San Clemente Romano, como tercer sucesor de Pedro que animaba a los destinatarios de su Carta y a todos los cristianos pues el mensaje cristiano, en palabras del papa actual “Es un anuncio que llena de alegría nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros pecados”.

Los primeros capítulos de la carta son exhortativos a la conversión, al entrar en si mismos para reconocer los fallos y pecados. Son capítulos de conversión y por ello la Liturgia de las horas ha venido poniéndolos en los comienzos de la cuaresma. Pongamos algunos textos

Miércoles de Ceniza                

Convertíos                

[De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios       (Caps. 7, 4-8, 3; 8, 5-9, 1; 13, 1-4; 19, 2: Funk 1, 71, 72, 73. 77, 78, 87)]                

Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la penitencia para todo el mundo.                Recorramos todos los tiempos, y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a él. Noé predicó la penitencia, y los que lo escucharon se salvaron. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido.               

De la penitencia hablaron, inspirados por el Espíritu Santo, los que fueron ministros de la gracia de Dios. Y el mismo Señor de todas las cosas habló también, con juramento, de la penitencia diciendo: Por mi vida -oráculo del Señor-, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta; y añade aquella hermosa sentencia: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo “Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como púrpura y rojos como escarlata, si os convertís a mi de todo corazón y decís: “Padre”, os escucharé como a mi pueblo santo”.               

Queriendo, pues, el Señor que todos los que él ama tengan parte en la penitencia, lo confirmó así con su omnipotente voluntad.  Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio, e, implorando con súplicas su misericordia y benignidad, recurramos a su benevolencia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las contiendas y la envidia, que conduce a la muerte.    Seamos, pues, humildes, hermanos, y, deponiendo toda jactancia, ostentación e insensatez, y los arrebatos de la ira, cumplamos lo que está escrito, pues lo dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza; el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, para buscarle a él y practicar el derecho y la justicia; especialmente si tenemos presentes las palabras del Señor Jesús, aquellas que pronunció para enseñarnos la benignidad y la longanimidad.               

Dijo, en efecto: Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia; perdonad, y se os perdonará; como vosotros fijáis, así se os hará a vosotros; dad, y se os dará; no juzguéis, y no os juzgarán; como usaréis la benignidad, así la usarán con vosotros; la medida que uséis la usarán con vosotros.   Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia a sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.    Como quiera, pues, que hemos participado de tantos, tan grandes y tan ilustres hechos, emprendamos otra vez la carrera hacia la meta de paz que nos fue anunciada desde el principio y fijemos nuestra mirada en el Padre y Creador del universo, acogiéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz 

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Published in: on febrero 29, 2008 at 5:57 pm  Dejar un comentario  
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Las peñas nunca vienen solas

Güeyu Peña FranciaMe habían hablado de una senda cercana aquí, a Gijón, la senda de Peña Francia. Qué notable nombre, de resonancias tan fuertes para un salmantino que ha vivido años al lado de otra Peña de Francia, casi al pie, en Miranda del Castañar. Así que el domingo pasado que tenía unas horas para pasear por la tarde me marché hasta Deva y recorrí gran parte de dicho camino o senda. Me fui provisto de un itinerario que saqué de la página senda del rió pena francia asturias y la verdad es que lo pasamos muy bien y me gustó. Pregunté a algunos paisanos de Deva cuál sería el origen de este nombre, Peña Francia, y hubo pareceres para diversos gustos; en fin que me quedé con las ganas de saber si tendría que ver algo con la advocación de la Virgen Peña de FranciaVirgen de la P eña de Francia,  y mas al llegar al Güeyu Deva, del que nace el arroyo Francia y dónde hay una ermita con el nombre de Nuestra Señora de Peña Francia. Luego, ya en casa, consulté el volumen de La Toponimia Asturiana y me dio alguna razón, como variante de frayar que sería francer, ‘romper’, ‘quebrar’, con lo cual peña francia, sería algo así como peña quebrada. No sé, porque la verdad es que la peña está rasgada por el manantial, pero no es para tanto la quebradura.

 

Pero ahora vienen, suscitados quizá por esos nombres, los recuerdos de mi niñez cuando viviendo en Miranda íbamos a la Peña de Francia a rezar a la Virgen de la Peña y a cumplir promesas. Las promesas las hacía mi madre, y yo iba con ella, unas veces venía mi padre, que era el médico de Miranda, y otras no. Fuimos varias veces y solíamos ir en camiones, en cuya caja se ponían bancos de iglesia, y como eran días de verano, pues no importaba. Solíamos ir por Cepeda, algunas veces, pocas por Mogarraz, hasta La Alberca y ( ver Mapa de Miranda, La Alberca y La Peña) luego, si no era la fiesta del 8 de septiembre, continuábamos un buen trecho hasta el Casarito, desde donde se tomaban unos caminos carreteros que sólo los camioneros más atrevidos nos llevaban. Un poco más adelante, recuerdo que empezaban las vueltas y revueltas de la aproximación a la parte que daba a La Alberca, que era de donde salían más caminos para la subida. Porque las promesas eran subir por los caminos, calzados o descalzos, que también se hacían.

Unas veces llegábamos al cruce que llamaban “El paso los lobos”, que desde allí también se subía, aunque menos. Por la carretera ya se podía ir, pero yo creo que fui una vez en un camión y pasé un miedo inmenso, pues tenían que ponerle calzos a las ruedas para hacer las maniobras, y el coche se iba para atrás al precipicio. Mucho miedo. Cuando subía con mi madre, mejor, porque andábamos por los senderos junto con la gente y se cantaba el rosario y otros cánticos.

Llegábamos a El Casarito y allí la gente se bajaba del camión y se preparaban las comidas para llevar y lo que era más importante: el calzado o el descalzado, pues se protegían los dedos de los pies con trapos. Y hala ¡ para arriba por los senderos. Tardábamos dos y tres horas, y llegábamos a la Capilla del Santo Cristo, que fue dónde se apareció la Virgen a Simón Vela, que a mi me daba mucha impresión, no sólo por el sitio sagrado sino también porque estaba repleto de mosquitos grandes pegados a las paredes. Luego ya cumplida la promesa, íbamos al Santuario a saludar a la Virgen y a Misa, pues había muchas misas a todas las horas. Luego se comía y se compraban unos turrones hechos de barquillos, piñones y miel que decían que eran de las Batuecas, pues había muchos puestos donde los niños disfrutábamos con las chucherías que allí había. Después de rezar el Rosario en el Santuario, se bajaba por la carretera hasta el cruce de “El paso los lobos”  pues aquí ya llegaban los camiones y se merendaba ya que las tardes eran muy grandes y el sol en aquellas alturas estaba más tiempo.


 

Published in: on febrero 29, 2008 at 1:16 pm  Dejar un comentario  
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Primeros cristianos

Los primeros cristianos se consideraban parte constituyente de su mismo mundo: “lo que es el alma para el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo” (Epístola a Diogneto) .

No se distinguían de los demás hombres de su tiempo, ni por su vestido, ni por sus insignias, ni por tener una ciudadanía diferente. Cada uno de los primeros cristianos, al igual que los de la primerísima hora como eran los que acompañaban a Pedro y Pablo, como los esposos Priscila y Aquila ( según nos enseña el Papa Benedicto XVI en las audiencias del miércoles), ocupaba un lugar en la estructura social de su tiempo, el mismo que tenía antes de convertirse. Si era esclavo no perdía su condición al hacerse cristiano aunque su vida adquiriese una dimensión sobrenatural. Esa actitud cristiana lleva a una apertura grande para asimilar los valores positivos, que existían en el paganismo. Así comentará S. Justino de los pensadores paganos: “cuanto, pues, de bueno está dicho en todos ellos, nos pertenece a nosotros los cristianos”.  (cfr. Enciclopedia GER, Cristianos, Primeros II. Espiritualidad)

“La vida que llevan no tienen nada de extraño”

“Los cristianos no se diferencian ni por el país donde habitan, ni por la lengua que hablan, ni por el modo de vestir. No se aíslan en sus ciudades, ni emplean lenguajes particulares: la misma vida que llevan no tiene nada de extraño. Su doctrina no nace de disquisiciones de intelectuales ni tampoco siguen, como hacen tantos, un sistema filosófico, fruto del pensamiento humano. Viven en ciudades griegas o extranjeras, según los casos, y se adaptan a las tradiciones locales lo mismo en el vestir que en el comer, y dan testimonio en las cosas de cada día de una forma de vivir que, según el parecer de todos, tiene algo de extraordinario”. (vid. Autor desconocido, Siglo II-III, Carta a Diogneto)

Cumplen las leyes

“Yo honraré al emperador, pero no lo adoraré; rezaré, sin embargo, por él. Yo adoro al Dios verdadero y único por quien sé que el soberano fue hecho. Y entonces podrías preguntarme: ¿Y por qué, pues, no adoras al emperador? El emperador, por su naturaleza, debe ser honrado con legítima deferencia, no adorado. El no es Dios, sino un hombre al quien Dios ha puesto no para que sea adorado, sino para que ejerza la justicia en la tierra. El gobierno del Estado le ha sido confiado de algún modo por Dios. Y así como el emperador no puede tolerar que su título sea llevado por cuantos le están subordinados –nadie, en efecto, puede ser llamado emperador-, de la misma manera nadie puede ser adorado excepto Dios. El soberano por lo tanto debe ser honrado con sentimientos de reverencia; hay que prestarle obediencia y rezar por él. Así se cumple la voluntad de Dios”. (San Teófilo de Antioquía, Siglo II, Libros a Autólico)

“En los cristianos se da un sabio dominio de sí mismos, se practica la continencia, se observa el matrimonio único, la castidad es custodiada, la injusticia es excluida, la piedad es apreciada con lo hechos. Dios es reconocido, la verdad es considerada norma suprema”. (San Teófilo de Antioquía, Libros a Autólico, Siglo II)

 “Habitan en la propia patria como extranjeros. Cumplen con lealtad sus deberes ciudadanos, pero son tratados como forasteros. Cualquier tierra extranjera es para ellos su patria y toda patria es tierra extranjera.

Se casan como todos, tienen hijos, pero no abandonan a sus recién nacidos. Tienen en común la mesa, pero no la cama. Están en la carne, pero no viven según la carne. Habitan en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen a las leyes del Estado, pero, con su vida, van más allá de la ley. Aman a todos y son perseguidos por todos. No son conocidos, pero todos los condenan. Son matados, pero siguen viviendo. Son pobres, pero hacen ricos a muchos. No tienen nada, pero abundan en todo. Son despreciados, pero en el desprecio encuentran gloria ante Dios. Se ultraja su honor, pero se da testimonio de su justicia. Están cubiertos de injurias y ellos bendicen. Son maltratados y ellos tratan a todos con amor. Hacen el bien y son castigados como malhechores. Aunque se les castigue, están serenos, como si, en vez de la muerte, recibieran la vida. Son atacados por los judíos como una raza extranjera. Los persiguen los paganos, pero ninguno de los que los odian sabe decir el porqué”. (Autor Desconocido, Siglo II-III, Carta a Diogneto)

Los primeros cristianos tuvieron muy presente el testimonio de Cristo con su vida de trabajo, ya que “fue considerado como carpintero, y fue así que obras de este oficio fabricó mientras estaba entre los hombres, enseñando por ellas los símbolos de la justicia, y lo que es una vida de trabajo(San Justino, Diálogo con Tritón).

Al proyectarse el mensaje cristiano sobre aquella estructura laboral, el trabajo aún el peor cualificado, adquiere una dimensión nueva en Cristo (cfr. Ef. 6,7). La dimensión sobrenatural del trabajo será como un incentivo divino que superará con mucho el impacto de los condicionamientos sociales, pero sin violencias ni rebeliones. El trabajo tenía para los primeros cristianos un valor de signo distintivo entre el verdadero creyente y el falso hermano, así como una manera delicada de vivir la caridad para no ser gravoso a ningún hermano (cfr. Thes 5, 11). (cfr. Enciclopedia GER, Cristianos, Primeros II, Espiritualidad)

Published in: on febrero 21, 2008 at 5:12 pm  Dejar un comentario  
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La primeras mujeres cristianas

Han sido numerosas las figuras femeninas que desempeñaron un papel efectivo y valioso en la difusión del Evangelio, dice el Romano Pontífice Benedicto XVI en una audiencia sobre el papel de la mujer en la difusión del Evangelio (Ir al apartado después de los saludos). No se puede olvidar su testimonio, como dijo el mismo Jesús sobre la mujer que le ungió la cabeza poco antes de la Pasión:  “Yo os aseguro:  dondequiera que se proclame esta buena nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que esta ha  hecho  para  memoria suya” (Mt 26, 13; Mc 14, 9).

El Señor quiere que estos testigos del Evangelio, estas figuras que dieron su contribución para que creciera la fe en él, sean conocidas y su recuerdo siga vivo en la Iglesia. Históricamente podemos distinguir el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo, durante la vida terrena de Jesús y durante las vicisitudes de la primera generación cristiana.

Ciertamente, como sabemos, Jesús escogió entre sus discípulos a doce hombres como padres del nuevo Israel, “para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14-l5). Este hecho es evidente, pero, además de los Doce, columnas de la Iglesia, padres del nuevo pueblo de Dios, fueron escogidas también muchas mujeres en el grupo de los discípulos.

Sólo puedo mencionar brevemente a las que se encontraron en el camino de Jesús mismo, desde la profetisa Ana (cf. Lc 2, 36-38) hasta la samaritana (cf. Jn 4, 1-39), la mujer siro-fenicia (cf. Mc 7, 24-30), la hemorroísa (cf. Mt 9, 20-22) y la pecadora perdonada (cf. Lc 7, 36-50). Para nuestra reflexión son más significativas las mujeres que desempeñaron un papel activo en el marco de la misión de Jesús.

En primer lugar, pensamos naturalmente en la Virgen María, que con su fe y su obra maternal colaboró de manera única en nuestra Redención, hasta el punto de que Isabel pudo llamarla “bendita entre las mujeres” (Lc 1, 42), añadiendo:  “Bienaventurada la que ha creído” (Lc 1, 45). Convertida en discípula de su Hijo, María manifestó en Caná una confianza total en él (cf. Jn 2, 5) y lo siguió hasta el pie de la cruz, donde recibió de él una misión materna para todos sus discípulos de todos los tiempos, representados por san Juan (cf. Jn 19, 25-27).

Además, encontramos a varias mujeres que de diferentes maneras giraron en torno a la figura de Jesús con funciones de responsabilidad. Constituyen un ejemplo elocuente las mujeres que seguían a Jesús para servirle con sus bienes. San Lucas menciona algunos nombres:  María Magdalena, Juana, Susana y “otras muchas” (cf. Lc 8, 2-3). Asimismo, los Evangelios nos informan de que las mujeres, a diferencia de los Doce, no abandonaron a Jesús en la hora de la pasión (cf. Mt 27, 56. 61; Mc 15, 40

Nos acordamos de la referencia de san Josemaría a la santa envidia y a la eficacia que buscaba contagiar a tanta mujeres, en el punto 981 de Camino:

“Algún tiempo después -se lee en el capítulo VIII de San Lucas- andaba Jesús por las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el reino de Dios, acompañado de los doce y de algunas mujeres, que habían sido libradas de los espíritus malignos y curadas de varias enfermedades, de María, por sobrenombre Magdalena, de la cual había echado siete demonios, y de Juana, mujer de Cusa, mayordomo del rey Herodes, y de Susana y de otras que le asistían con sus bienes”.

Copio. Y pido a Dios que, si alguna mujer me lee, se llene de una santa envidia, llena de eficacia.

En el mismo contexto epistolar, el Apóstol, con gran delicadeza, recuerda otros nombres de mujeres: una cierta María, y después Trifena, Trifosa, Pérside, “muy querida”, y Julia, de las que escribe abiertamente que “se han fatigado por vosotros” o “se han fatigado en el Señor” (Rm 16, 6. 12a. 12b. 15), subrayando así su intenso compromiso eclesial.

Asimismo, en la Iglesia de Filipos se distinguían dos mujeres llamadas Evodia y Síntique (Flp 4, 2):  el llamamiento que san Pablo hace a la concordia mutua da a entender que estas dos mujeres desempeñaban una función importante dentro de esa comunidad.

En síntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera contado con la aportación generosa de muchas mujeres. Por eso, como escribió mi venerado y querido predecesor Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris dignitatem, “la Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una. (…) La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del “genio” femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias  que  debe  a su fe, esperanza y  caridad; manifiesta  su  gratitud por todos  los  frutos  de santidad femenina” (n. 31).

 Si, damos gracias por todas las victorias de la mujer que a imagen de la Mujer-María sabe ser fuerte y fiel

Más recia la mujer que el hombre, y más fiel, a la hora del dolor.

-¡María de Magdala y María Cleofás y Salomé!

Con un grupo de mujeres valientes, como esas, bien unidas a la Virgen Dolorosa, , ¡qué labor de almas se haría en el mundo! (Camino 982)

Published in: on febrero 20, 2008 at 7:32 pm  Dejar un comentario  
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San Clemente Romano en el CEC

 Primera Carta a los Corintios de San Clemente Romano

 861 Los obispos sucesores de los apóstoles      

“Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada, encargaron mediante una especie de testamento a sus colaboradores más inmediatos que terminaran y consolidaran la obra que ellos empezaron. Les encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia de Dios. Nombraron, por tanto, de esta manera a algunos varones y luego dispusieron que, después de su muerte, otros hombres probados les sucedieran en el ministerio” (LG 20; cf San Clemente Romano, Cor. 42; 44).(PRIMERA PARTE:  LA PROFESIÓN DE LA FE)

1432

      El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente  una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lc 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19,37; Za 12,10).      

Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Cor 7,4). (SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO)

1577

      “Sólo el varón (vir ) bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación” (CIC, can 1024). El Señor Jesús eligió a hombres (viri) para formar el colegio de los doce apóstoles (cf Mc 3,14-19; Lc 6,12-16), y los apóstoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores (1 Tm 3,1-13; 2 Tm 1,6; Tt 1,5-9) que les sucederían en su tarea (S.Clemente Romano Cor, 42,4; 44,3). El colegio de los obispos, con quienes los presbíteros están unidos en el sacerdocio, hace presente y actualiza hasta el retorno de Cristo el colegio de los Doce. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del Señor. Esta es la razón por la que las mujeres no reciben la ordenación  (cf Juan Pablo II, MD 26-27; CDF decl. “Inter insigniores”: AAs 69 [1977] 98-116). (SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO)

1900

      El deber de obediencia impone a todos la obligación de dar a la autoridad los honores que le son debidos, y de rodear de respeto y, según su mérito, de gratitud y de benevolencia a las personas que la ejercen.     

La más antigua oración de la Iglesia por la autoridad política tiene como autor a S. Clemente Romano:      “Concédeles, Señor, la salud, la paz, la concordia, la estabilidad, para que ejerzan sin tropiezo la  soberanía que tú les has entregado. Eres tú, Señor, rey celestial de los siglos, quien da a los hijos de los hombres gloria, honor y poder sobre las cosas de la tierra. Dirige, Señor, su consejo según lo que es bueno, según lo que es agradable a tus ojos, para que ejerciendo con piedad, en la paz y la mansedumbre, el poder que les has dado, te encuentren propicio” (S. Clemente Romano, Cor. 61,1-2). (TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO)

Published in: on febrero 18, 2008 at 4:58 pm  Dejar un comentario  
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Ciencia y anónimos

La ciencia, en principio, no suele trabajar con anónimos sin verificar. Por eso, para un científico que se precie, emitir un juicio basado en información anónima sin verificar es -para empezar- como para retirar o desdecir públicamente lo dicho. Con los mismos clarines, bombos y platillos internacionales con que se lanzó lo dicho.

 Resulta fascinante documentarahora que el juicio acusatoriode los “científicos” de La Sapienza contra Benedicto XVI era -en sentido estricto pleno- un juicio temerario [Drae: Que se dice, hace o piensa sin fundamento, razón o motivo].

Siempre hay que verificar y  perdonar siempre también al temerario. Para ello sirve muy bien esta presentación por el Papa

Published in: on febrero 16, 2008 at 6:33 pm  Dejar un comentario  
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La Didaché en el Catecismo

Es un medio insustituible para conocer la primitiva Iglesia. No se inspira en ninguna obra anterior

Esta obra es un breve resumen de la doctrina católica, con indicaciones litúrgicas y disciplinares. Es la primera vez que la comunidad de la Iglesia, como tal, siguiendo su propio espíritu da una regla de comportamiento y de evangelización misionera. Contiene, entre otras cosas, lo que debían saber los catecúmenos antes de bautizarse. Siempre gozó de gran autoridad, como lo demuestra las muchas citas que, aun siendo un escrito relativamente pequeño, de él hace el Catecismo de la Iglesia Católica; pero no es un escrito canónico en el sentido de inspirado.

1331 Comunión, porque por este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su Sangre para formar un solo cuerpo (cf 1 Co 10,16-17); se la llama también  las cosas santas [ta hagia; sancta] “Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: “No deis lo santo a los perros.” (Didaché 9,5) El que sea santo, que se acerque, si no que haga penitencia. (Didaché 10, 6), es el sentido primero de la  comunión de los santos de que habla el Símbolo de los Apóstoles. SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO. ARTÍCULO 3: EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

     

1403 En la última cena, el Señor mismo atrajo la atención de sus discípulos hacia el cumplimiento de la Pascua en el reino de Dios: “Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre” (Mt 26,29; cf. Lc 22,18; Mc 14,25). Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige hacia “el que viene” (Ap 1,4). En su oración, implora su venida: “Maran atha” (1 Co 16,22), “Ven, Señor Jesús” (Ap 22,20), “que tu gracia venga y que este mundo pase” (Didaché 10,6). SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO. ARTÍCULO 3: EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

     

1696 El camino de Cristo “lleva a la vida”, un camino contrario “lleva a la perdición” (Mt 7,13; cf Dt 30,15-20). La parábola evangélica de los dos caminos está siempre presente en la catequesis de la Iglesia. Significa la importancia de las decisiones morales para nuestra salvación. “Hay dos caminos, el uno de la vida, el otro de la muerte; pero entre los dos, una gran diferencia” (Didajé, 1,1). (TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO, INTRODUCCION)

     

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

      “No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido” (Didajé, 2,2; Bernabé, ep. 19,5; Epístola a Diogneto 5,5; Tertuliano, apol. 9).

      “Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos” (GS 51,3). (TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO, CAPITULO SEGUNDO)

 2760 Muy pronto, la práctica litúrgica concluyó la oración del Señor con una doxología. En la Didaché (8, 2)

“Vosotros oraréis así:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.”

se afirma: “Tuyo es el poder y la gloria por siempre”. Las Constituciones apostólicas (7, 24, 1) añaden en el comienzo: “el reino”‘: y ésta la fórmula actual para la oración ecuménica. La tradición bizantina añade después un gloria al “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. El misal romano desarrolla la última petición (Embolismo: “líbranos del mal”) en la perspectiva explícita de “aguardando la feliz esperanza” (Tt 2, 13) y “la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo”; después se hace la aclamación de la asamblea, volviendo a tomar la doxología de las Constituciones apostólicas. (CUARTA PARTE: LA ORACION CRISTIANA, SEGUNDA SECCION: LA ORACION DEL SEÑOR)

   

2767 Este don indisociable de las palabras del Señor y del Espíritu Santo que les da vida en el corazón de los creyentes ha sido recibido y vivido por la Iglesia desde los comienzos. Las primeras comunidades recitan la Oración del Señor “tres veces al día” (Didaché 8, 3), en lugar de las “Dieciocho bendiciones” de la piedad judía.

 (CUARTA PARTE: LA ORACION CRISTIANA, SEGUNDA SECCION: LA ORACION DEL SEÑOR)

Published in: on febrero 15, 2008 at 6:17 pm  Dejar un comentario  
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Ponerse a tiro

Son días de bondad y dádivas. No nos han de sobrar los agradecimientos. También y sobre todo porque Nuestra Madre Santa María es, como la llamaba frecuentemente  el querido Papa Juan Pablo II, “la más perfecta obra de Dios”.  

Y esta maravillosa criatura tiene corazón. La primera vez que se menciona en el Evangelio el corazón de María es para expresar toda la riqueza de la vida interior de la Virgen: María, escribe san Lucas, guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón (Lc 2, 19). Un corazón que es sabio  porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo [Cfr Ez 36, 26]–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón [Mt 11, 29]; sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad.

Un corazón así es un don divino, una muestra de que sólo Dios puede dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar. Como dice el Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi n. 31: “el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza (…) Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto.”

Pero un corazón así es alcanzado cuando se ha puesto a tiro, cuando ha dejado a la gracia que realice la esperanza de lo esperado. ¿Y quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su « sí » abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)? (Spe salvi, n. 49)

Ponerse a tiro es propio de almas enamoradas y agradecidas, que rezan y están a la escucha. Como Don Josemaría que el 25 de septiembre de 1938 se retira a hacer Ejercicios Espirituales a Santo Domingo de Silos, cercano a Burgos, para ponerse a tiro de la voluntad de Dios. Esto ya era cosa vieja y acostumbrada en él; Nunca mejor descrita su avidez de enamorado en conversación con el Señor: de tú a Tú, como explica a Ricardo en carta de fecha 13 de febrero de 1939, desde Vitoria donde estaba predicando un curso de retiro y residía en el Palacio episcopal de la ciudad:

¡Jesús te me guarde!

Tengo necesidad de escribiros a todos, hoy, vísperas de un día de acción de gracias… ¿Quién se acordará? Pasaré la noche entera junto al Señor, en la capilla de este Palacio Episcopal, ya que ha sido tan bueno Él, que… se me ha puesto a tiro. ¡Ojalá le dé en el Corazón! (Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, II, p. 342)

 Por ello, como leemos en la Spe salvi, n 31, “su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es « realmente » vida.” De ahí, la propuesta del Papa a que aprendamos la esperanza, que hagamos prácticas de esperanza. Y la primera manera es, claro está, rezar, hacer oración (Presentación de pps)

Published in: on febrero 15, 2008 at 1:25 pm  Dejar un comentario  
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Gracias, Señor, por todo

hcaehf2ygcamxfjggcas6rod9ca31r370cavevveccai5rtakca8k3hh0ca0m23etca3n1q2ycableqydcaj21d2ccah30awfcaxclahvcarqckxocav98cdxcam0utquca3aswqd.jpg Las obras de Dios son perfectas.

Era este un sonsonete que se le hacía persistente a Don Josemaría allá por los años 30. Era, como nos dice autorizadamente el historiador Vazquez de Prada, una locución divina:

 La primera catalina, después de la guerra, corresponde al 13 de abril de 1939, y recoge una locución divina:
Me sorprendí, como hace años, diciendo —sin darme cuenta hasta después— “Dei perfecta sunt opera”. A la vez me quedó la seguridad plena, sin género de duda, de que ésa es la respuesta de mi Dios a su criatura pecadora, pero amante. ¡Todo lo espero de Él! ¡¡Bendito sea!! (Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, tomo II, cap.12)

Y vinieron las mujeres y los sacerdotes porque efectivamente Dios hace las cosas muy bien: las hace como es El, en familia, en la familia de su Intimidad trinitaria, perfecta en su Unidad. Y le salió una familia de vínculos sobrenaturales al hacer el Opus Dei.

Es en esta familia donde hay de todo y de la que se participa de la abundancia de gracias y de “caricias” de Dios. Que todo es gracia, aunque nos sorprenda. Todo es don de Dios y por ello le damos gracias por todo, pues todo es bueno, todo es alimento.., como sugiere esta presentación de pps

Published in: on febrero 13, 2008 at 6:28 pm  Dejar un comentario  
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NOTA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

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Published in: on febrero 11, 2008 at 12:56 pm  Dejar un comentario