La Iglesia en la Historia

¿Y qué es la historia?

historia-de-la-iglesia.pps

La historia es el relato del acontecer humano.

Es decir, lo que ha pasado; y lo que ha pasado tiene dos sentidos obvios: ha acontecido, sucedido y al ser pretérito, del ayer, nos han llegado referencias, nos han contado cosas.

Dos palabras se necesitarían para estos dos conceptos de la Historia. En nuestro idioma, sin embargo, hay una sola palabra: Historia, con la que se expresan esos dos conceptos distintos:
-la plenitud de suceder (todo lo que ha sucedido de verdad a todos los hombres a lo largo del tiempo). Estos hechos sucedidos realmente en lo que los alemanes llaman GESCHICHTE (Historia verdadera).y …
-el conocimiento que poseemos de ese suceder, (lo que llamaríamos historia-ciencia) Los alemanes lo llaman ERZÄHLUNG. Esta ambigüedad del castellano obliga, cuando sea preciso, a puntualizar a cuál de estos dos conceptos se está refiriendo el que habla.
Quizás se podría hablar de los hechos, acontecimientos, sucesos, etc en un primer sentido y a memorias, mitos, leyendas, narraciones, documentos, archivos por los cuales sabemos algo; unos serían los hechos, gestas y los otros serían las palabras, lo narrado, lo que se cuenta, lo que se conoce…

Aconteceres que les han pasado a hombres y mujeres, seres humanos, y que sabemos algo de ello
¿Y no hay mas? ¿Lo que le pasa al hombre no es mas que lo que le pasa a un ciruelo? ¿Quién escribe el relato del acontecer humano? ¿Un árbol, un hombre, el hombre fuera de la historia, un dios, Dios mismo, un hombre movido por Dios?

Y si el suceder humano es algo que se puede relatar –de hecho nos han llegado relatos- ¿hasta qué punto ese relato refleja no sólo lo que el hombre ha hecho, sino lo que el hombre es.

¿Puede la historia conocer la Iglesia?
Esta pregunta tiene una respuesta afirmativa y esto es lo que llamamos Historia de la Iglesia. La historia de la Iglesia se podría definir, en una primera aproximación, como un estudio de los acontecimientos sucedidos “entre nosotros” [Lc 1, 1] desde la venida de Cristo hasta nuestros días, referidos al peregrinaje terreno de la realidad, querida por el mismo Cristo, que llamamos Iglesia.
Acontecimientos sucedidos “entre nosotros”; esta expresión tiene la doble connotación de que ha pasado ante testigos y de que su comprensión de lo pasado cae dentro de lo que nosotros sabemos que ha sido revelado, que tenia que suceder. Pues la realidad estudiada en esta historia, la Iglesia, forma parte de un querer benevolente y salvador desde antes de la misma existencia del mundo. Y tal querer divino nos ha sido revelado “con hechos y palabras íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente” (C. Vat II, Dei Verbum, 2 ) Entre estos hechos y palabras está como un hito singular de salvación, la preparación, fundación y sostenimiento por Dios Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo, de la Iglesia.
Está claro que el objeto de la historia de la Iglesia es la Iglesia y que se quiere hacer una historia, un relato de aconteceres humanos; hechos y dichos contados según el método que al parecer de la mayoría de los historiadores de la Iglesia es el más adecuado para cumplir su misión: “estos han de valerse del método histórico”. “La tarea de hacer historia, comprendida la de la Iglesia, exige seguir un determinado método y observar cuidadosamente aquellas reglas de objetividad y rigor científico, que son comunes a todas las disciplinas históricas”(ORLANDIS, J., Prólogo, a la Historia de la Iglesia, T. 1, pg 11. Palabra, Madrid 1998.)
La ciencia histórica se hace cada vez mas consciente de la validez informativa propia de los documentos de archivo. Pero, asimismo, el pensamiento de lo pasado se desenvuelve por otros muchos cauces expresivos –como por ejemplo la novela o la película de cine-.
El Gran Papa Juan Pablo II ha redactado unas interesantes respuestas en su libro Cruzando el umbral de la esperanza (Véanse por ejemplo los capítulos “La “historia se concreta” o “Impotencia divina”) Cualquier lector valorará por sí mismo hasta qué punto las cuestiones más vivas del día de hoy, las objeciones mas candentes que enervan aún , tienen que ver con la historia de la Iglesia y cómo se la enfoque y estudie.

Naturaleza teándrica de la Iglesia.
Historia de salvación

“En un principio creó Dios el cielo y la tierra”. “En el principio era el Verbo”. Así comienzan respectivamente los libros del Génesis y el Evangelio de San Juan. Dios es el que Es, y por Él vendrá a ser todo lo que existe.

Dios es el Señor de la Historia. Él la comenzó y Él la terminará sobre “este mundo que pasa (I Cor. 7, 31. Cfr. C. Vaticano II, Gaudium et spes, 39)Crea el sol, la luna, los seres inanimados y los desprovistos de inteligencia en una sinfonía espléndida que es como una preparación de la historia: Dio s estaba “haciendo la casa” para el hombre.

Para que comience la historia Dios tendrá que poner al hombre en “esa casa”.

Aquí tenemos una visión que contiene una historia. La Historia según la Mano de Dios, el poder de Dios Creador, que nos define lo que sea Dios, el mundo y el hombre.

Pero esa Historia nos cuenta el primer suceso “imprevisible” del acontecer humano; que el hombre ofendió a su Dios: el primer pecado. Un dato fundamental que revela la situación de limitación y debilidad de la inteligencia y voluntad del hombre.

Sin embargo la Mano de Dios, no abandonan al hombre. Decide actuar y salvar así a este hombre “imprevisible”. Fuera de la historia lo decide, pero su realización será histórica: es la Historia de la Salvación que comienza con que “Dios llama al hombre y le anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída (Cfr. Gen. 3, 9 – 15)

Aparece así una promesa que desvela un plan de salvación y la presentación de dos personajes históricos: la Mujer que vencerá en su Descendiente (Cfr. CEC, 410-412)

Estos personajes ¿de dónde vendrán? También dentro de ese plan Dios incluye la elección de un pueblo, el judío, con el que sella un pacto y al que da una Ley. La Ley del Dios de Israel, que se les ha hecho presente en el Monte Sinaí. Ley y Alianza que tendrá en los Profetas, suscitados por el mismo Dios, sus principales recordadores y tutores. Sigue presente la Mano de Dios.

Esta Historia de la Mano de Dios está contada. Es la Historia de los hechos de Dios con su pueblo, la Alianza mutua manifestada en la Ley, y las palabras proféticas de aviso compendian el Libro en que se cuenta, el libro del Antiguo Testamento. Pero aquel Libro no estaba completamente terminado: era y es camino, no término. En tal Libro estaba latente la Palabra. “Y la Palabra se hizo Carne y habitó entre nosotros”. Jesús el Salvador es el que realiza y da cumplimiento al plan de Salvación. Es Camino, Verdad y Vida. Con su vida y doctrina se completará el Libro: Nuevo Testamento.

Salvación por Encarnación

Estamos en el centro de la Historia de la Mano de Dios. El rasgo concreto de la promesa divina hecha por el profeta Isaías, “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” se podrá comprobar en su realización histórica: “Y sírvaos de señal que hallareis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre, (…) Vinieron, pues, a toda prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. AL VERLO, CONTARON lo que les habían dicho de aquel niño”(Lc 2, 8-18)
Ver y contar un suceso es la esencia de la historia. La historia de los hombres-criaturas de Dios y la historia de un pueblo se concentran en la historia del Hijo del Hombre y en la historia del Pueblo que de Él nacerá, la Iglesia.


“Y verán al que traspasaron”( Io 19, 37) . La Historia que se cuenta, pasa de nuevo por los brazos de María, la Mujer. Juan, el que le vio morir, también “entró, vio y creyó” que el sepulcro vacío y las “vendas en el suelo”(Io. 10, 8) suponían la comprobación de un hecho que se vería confirmado, no sólo por él, sino también por la visión de Jesús vivo, pero con las “huellas” de la muerte” (Io. 20, 20) , por muchos otros conocidos y concretos, y en primer lugar por Pedro llamado a confirmar en la fe a los demás Io. 21, 18) Ellos serán los “testigos de la Resurrección de Cristo” (Act. 1, 22)
Ya se puede anunciar su muerte y resurrección a todos los hombres. Para esto Jesús funda su Iglesia en el tiempo de su venida y es manifestada como tal “públicamente” con la llegada del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Ya se puede escribir su historia.

La Iglesia es realidad compleja

En el breve desarrollo que nos ha llevado a un primer esbozo de definición de Historia de la Iglesia, se refieren algunos “datos” que notamos tienen unos niveles que “nos han sido revelados”.

Podemos decir con toda franqueza y verdad que son datos recibidos sobre lo que sea la Iglesia. El objeto de la Historia de la Iglesia, obviamente la Iglesia, no es “sólo y nada más que un objeto histórico”, puesto que la Iglesia “no es sólo y nada más” que acontecer humano.
Esto lo ha captado y promulgado el Concilio Vaticano II en el Decreto Optatam totius al proponer que, “en la enseñanza de la Historia de la Iglesia téngase en cuenta el misterio de la Iglesia de acuerdo con la Constitución Dogmática De Ecclesia promulgada por este santo Concilio”
En la Historia de la Iglesia nos encontramos continuamente con el misterio, pues Ella es y se entiende como misterio de comunión y sacramento de salvación, que está en la historia, pero al mismo tiempo la transciende, sociedad jerárquica y cuerpo místico, visible y espiritual a un tiempo(CEC 770)

Es una realidad compleja, formada por un doble elemento humano y divino. Ahí está su Misterio que sólo la fe puede aceptar (CEC 779 y C. Vat II Lumen gentium, 8 ) Esta condición del doble elemento humano-divino se denomina, por analogía a la realidad del Verbo divino hecho carne, una realidad teándrica, de Theos, Dios y andros, hombre.

Pero solamente con “los ojos de la fe” se puede captar este misterio, es decir, que en esa realidad visible, se pueda ver al mismo tiempo una realidad espiritual, portadora de vida divina

Hechos y signos de salvación

No se le puede pedir, al historiador que ,con el método histórico, describa el hilo misterioso directivo y el sentido salvífico de determinados acontecimientos.
Los hechos del “tiempo de la Iglesia” no tienen sobre si la legitimación de la Revelación, pues esta acabó con el último apóstol, pero cae sobre ellos la interioridad y divinidad del misterio propio de la Iglesia. Verificar esto último no es competencia de una ciencia histórica, ya que no puede constatar ningún dato o proceso sobrenatural que refleje, como tal y por sí mismo, la índole divina del misterio de la Iglesia.

Puede decir que la Iglesia se expandió en tal o cual dirección y cuantía; que hubo hechos no explicables en su seno; que han existido miembros suyos considerados como santos; pero no puede presentar la “mano divina”, “el hecho prodigioso de Dios”, o “la gracia” de tal santo, por la razón sencilla de que no puede aferrar lo que no le es visible y descriptible.

Han sucedido hechos, se han pronunciado dichos y se han escrito relatos. Esto es comprobable y es labor histórica comprobarlo, si se puede, críticamente. Pero cuando nos metemos en la Historia de la Iglesia, la pre-comprensión que se tiene de Ésta como Misterio hace ver que esos hechos tienen un significado, son signo de que algo más está pasando. Aunque se rechace la identificación de la Historia de la Iglesia con la Historia de la Salvación, los hechos que suceden en la Iglesia y que pueden ser historiados son continuación de la historia salvífica en su “tiempo de la Iglesia” y a su vez germen, grano, levadura del creciente y aún no consumado Reino de Dios.

Lo cual nos lleva a mantener, como certeza de fe en la esencia misteriosa de la Iglesia, que en su historia “externa” hay acontecimientos salvíficos que deben ser consignados por el historiador. Pero, igualmente esta claro que, esa pre-comprensión es una creencia, un dato de fe, que también es un DATO y un HECHO, una SABIDURÍA. Este DATO de fe aplicado, por el historiador creyente, a los datos del suceder histórico y que le lleva a captar en ellos la trascendencia salvífica, como por medio de signos, es lo que “dota a su disciplina de una calificación teológica, sin menoscabar la legitimación científica”

Si esto que se dice de la historia salvífica se pudiera decir de la Historia de la Iglesia, esta historia así orientada tendría, en sí misma, una finalidad y sentido: presentar con toda humildad y precaución determinados acontecimientos de la Historia universal y de la Iglesia como signos de la salvación querida por Dios, aunque no pueda demostrarlos definitivamente como hechos salvadores

La historia de la Iglesia ante una sociedad plural

Ocurre de hecho que tanto historiadores como parte del público carece de los supuestos cristianos de la fe sin cuyos conocimientos hay aspectos esenciales de la vida de la Iglesia que se hacen especialmente opacos ¿Cómo hay que enfocar y presentar entonces la Historia de la Iglesia?

Claro es que el historiador sin el instrumento que supone la fe no traspasará y penetrará el misterio de los signos de salvación. Y que el historiador cristiano solamente tratara aspectos a los que se puede llegar y son de interés común para el cristiano y para el que no lo es. Existen temas realmente interesantes que se prestan a diversidad de interpretaciones y a debates serios; que pueden ser trabajados conjuntamente como, por ejemplo, el impacto del cristianismo en la abolición de la esclavitud, la responsabilidad de lo cristiano en la beneficencia, la tolerancia, la idea y práctica del poder y tantos otros.

Pero se podría pensar también que esto es ofensivo para aquellos que, careciendo de unos instrumentos, sean incapaces de entender que otros los tengan. No es convincente este modo de razonar ya que según esto podrían redactarse unas Historias de la Iglesia para no cristianos, como si fueran para menores de edad. Los datos y los signos son riqueza para todos, pues ahí están; pero se debe referir también su diversa índole.

La Historia de la Iglesia también y sobre todo en una sociedad pluralista, pensamos, hay que presentarla honradamente con sus luces y sus sombras, sus aciertos y sus errores, sus certezas y sus dudas y siempre con la actitud de amor a la verdad con que se ha investigado. Parafraseando a Tertuliano podemos decir que la verdad de nada tiene que avergonzarse si no de ser mal conocida (cfr Enric Moliné, La Historia de la Iglesia presentada a una sociedad pluralista, Comunicación al XVI Simposio Internacional de Teología. Universidad de Navarra 1996)

La verdad de la Iglesia siempre esta ocurriendo

Lo que esté ocurriendo en cualquier época, puede y debe arrojar un dato que formará parte de la verdad de la Iglesia. Y ese dato es referencia de un signo salvífico, que se aceptará o no, pero que está ahí

Por ello la Ordinatio studiorum hace ver que el “Objetivo de la Historia de la Iglesia es ayudar a los alumnos a comprender cómo la salvación que Dios ofrece a los hombres a través de Cristo y de la Iglesia tiene una permanente dimensión histórica, ya que la Iglesia vive en el seno de la historia humana y entrelazándose con ella”.

En este contexto de la finalidad y sentido de la Historia de la Iglesia, es esperanzadora la perspectiva que el Santo Padre Juan Pablo II presenta en la Novo Millennio Ineunte, n. 3 “Tantas veces, durante estos meses, hemos mirado hacia el nuevo milenio que se abre, viviendo el jubileo no sólo como memoria del pasado, sino como profecía del futuro” y la razón profunda que ofrece, una vez mas, es el “encarnarse de la Iglesia en el tiempo y en el espacio” como reflejo del “movimiento mismo de la Encarnación”

Esto lo hace la historia considerando el trance del pasado al presente. Y sirve para el futuro. Los aconteceres arrojan verdad y enseñanza para que sean, en el futuro, más propiamente hechos de los hijos de la Iglesia. De ahí la adquisición, en la práctica eclesial con Juan Pablo II, de la “purificación de la memoria” que refleja una verdad capital del misterio de la Iglesia, pues -como dice- “para este examen de conciencia nos habíamos preparado mucho antes, conscientes de que la Iglesia, acogiendo en su seno a los pecadores ‘es santa y a la vez tiene necesidad de purificación’(Lumen gentium, 8)”.

Es muy interesante y sabia la recomendación que nos hace la Ordinatio studiorum: “a lo larga de las explicaciones, deberá aparecer cómo, atravesando muy variadas situaciones y épocas, la Iglesia se manifiesta dotada de una vida y de una misión, recibidas de Cristo, que explican su vitalidad, su desarrollo y su perennidad”.

Periodización histórica
Este es un asunto sencillo en apariencia, pero muy complicado en la realidad, pues supone cada separación en periodos, una concepción diversa de la Historia
Nosotros vamos a adoptar el siguiente esquema:

Antigüedad cristiana.

Edad Antigua

Durante este periodo el Cristianismo se extiende por todo el mundo grecorromano. Comprende hasta el año 732, fecha de la Batalla de Poitiers, en la que se detiene el avance del Islam hacia el occidente de Europa. Lo dividiremos a su vez en dos subperiodos:
§ Fundación y expansión: hasta el año 313 en el cual por el Edicto de Milán se llega a la libertad religiosa para el Cristianismo en el Imperio Romano
§ Asimilación de lo bárbaro, que entra en contacto con el Cristianismo: hasta el año 730

Medievo:

 

el Cristianismo, después de llegar e incorporar a los más remotos pueblos del norte y del este (germanos, normandos y eslavos) empapa todas las manifestaciones de la vida de la sociedad. Lógicamente, esto supone un culmen y equilibrio que durará poco tiempo y al que se llega por un tiempo de transición y del que se sale por un tiempo de decadencia:
§ Alta Edad Media, es el tiempo de transición que termina en el año 1073, cuando se inicia el pontificado de S. Gregorio VII, el papa de la reforma gregoriana basada en el reforzamiento de la autoridad temporal e independencia pontificia;
§ Plena Edad Media o Cristiandad, es el tiempo de plenitud y equilibrio difícil entre la Tiara papal y la espada del Emperador: alcanza hasta el año 1303, muerte del papa Bonifacio VIII
§ Baja Edad Media, tiempo de decadencia y de crisis: hasta el año 1417 en que es elegido en el Concilio de Constanza Martín V, con lo que termina el terrible cisma de Occidente.

Edad Nueva

Edad Moderna y Contemporanea
 

o edad de las reformas, que podemos estructurar según las siguientes etapas:
§ Renacimiento o espíritu de renovación y vuelta a lo antiguo renovado: hasta 1517 año de la rebelión de Lutero
§ Reformas protestantes y católica, hasta 1572 año de la muerte de S. Pio V, el papa del Catecismo de Trento, signo de la aplicación de este Concilio
§ Absolutismos, supone el auge de los Estados como protectores (cuius regio, eius religio) de la religión y las consiguientes guerras de religión, pues cada estado es lo absoluto; hasta la paz de Wesfalia, 1648, en que termina la Guerra de los Treinta años.

Edad Moderna

o edad de la sospecha hacia la Verdad. Después de todo lo que ha pasado hay que buscar otras bases o certezas. Aunque esto es arbitrario, por lo cercano, podemos poner un tope a esta Edad en el Concilio Vaticano II: 1965. Y de ella podemos sacar tres etapas:
§ La Ilustración, o periodo de las luces, hasta el año 1789 en que comienza la revolución francesa e inicia así
§ Las revoluciones o periodo convulso que durará todo el siglo XIX, pero podemos poner la fecha de 1870 como tope de este periodo, pues en el dia 20 de septiembre de tal año las trapas italianas forzaron la Porta Pía, lo cual es muy gráfico para señalar el tiempo que acaba de comenzar y que llamamos periodo de
§ Las ideologías o la Iglesia sitiada.

Edad Posmoderna (¿)
es nuestra época y no es necesario explicarla, sino vivirla y darse cuenta de que estamos ante dos signos aparentemente contrarios: una masiva paganización y una esperanzada semilla recristianizadora. Quizá, como en toda época, haya que comenzar de nuevo…. De Cristo.

Anuncios
Published in: on diciembre 14, 2007 at 7:01 pm  Comments (1)  
Tags: , ,

The URI to TrackBack this entry is: https://jchordi.wordpress.com/2007/12/14/la-iglesia-en-la-historia/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Me parece muy bueno ese material para clases de Historia de la Iglesia. ¿Lo tienes en un .ppt?
    Mi dirección va con este correo.
    Gracias
    Jorge Salinas


Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: