Gotas de agua

Cascada de Valle

Estos párrafos tomados del blog de Rafael me llevan a considerar que necesitamos gotas de agua, de agua de fuente, de fuente que salta. Bajo este apartado de gotas de agua quisiera brindarte, estresado blogguer, un alivio que calme tu sed.

Dicen los versos de una soleá, -quién supiera cantarla-: “¡Cómo se pué compará / un charco con una fuente: / sale el sol, se seca el charco, / y la fuente permanece!”.
Y, es verdad lo que dice esta copla, pues cuantas veces habrá escuchado el Señor en nuestra propia vida esos “síes” que son como un charco de verano, el resultado de una tormenta de verano que se lleva por delante lo que haga falta, y que inunda los campos y los caminos. Y cuando han llegado a hacerse palabra, esos “sies” se pronuncian con tal fuerza que incluso las lágrimas los acompañan, y parecen como si fueran a alcanzar con su sonido hasta el Cielo. Pero, pasa el tiempo (unos meses bastan), el “sí” ya es un “depende”, y, después, se convierte en un “quizá” que suele terminar siendo “no”… “Sale el sol, se seca el charco”. Se ha secado, y eso que empapó, y bien, en aquel verano los cielos y la tierra.

Y, es verdad lo que dice la copla, también hay otro tipo de “síes” que son como una fuente. No hacen ruido, apenas se los oye si uno no se acerca, pero en el susurro de ese correr del agua que mana y salta sobre las piedras, se escucha decir: “siempre, siempre, siempre…” Y aunque nadie beba de ella, el agua sigue brotando, sigue entregando generosamente un agua que se pierde, como un gozoso despilfarro de amor.

Si lees con calma la alegoría de la vid y los sarmientos, y te fijas, escucharas como un susurro, el verbo que mana del corazón de Cristo y golpetea sobre la piedra de nuestro corazón una y otra vez: “permaneced en mi (…), si no permanece en la vid (…), si no permanecéis en mí (…), el que permanece en mí (…), al que no permanece en mí (…), si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros”… Siete veces. ¿No oyes? ¿No ves que Jesús hoy te está gritando? ¿No ves que está cansado el Maestro de esos “síes” que, como el charco, se secan cuando pasa el tiempo y el camino se hace cuesta arriba? Sin embargo, un rato de oración hoy, y mañana, y pasado, y al otro, y un mes, y otro mes, y un año, y diez años, todos los días… “Y la fuente permanece!”. Y si en tu oración te sientes a gusto, el tiempo acordado. Y si te aburres, lo acordado. Y si es sábado y hay que salir al campo, lo acordado. Y si hoy hay mucho trabajo, lo acordado. Y si parece que Dios no me escucha… lo acordado.

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Published in: on octubre 19, 2007 at 5:59 pm  Dejar un comentario  
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