¡Como borrachos!

En estos días previos a la Pentecostés me viene a la memoria con frecuencia uno de los recuerdos de mi estancia en Roma tan cerca de San Josemaría. Calculo que sería por el comienzo del año 1971 cuando en una tertulia el Fundador del Opus Dei nos dijo animoso: Que améis más al Espíritu Santo a quien llamo el Gran Desconocido desde 1934 Luego nos explicó que todos los cristianos invocan a Dios Padre, aunque sea con la boca, en el Padrenuestro. Y también a Jesucristo, el Verbo encarnado, y a su Madre, la Virgen Santísima. A mi me causa mucha alegría, pero del Espíritu Santo no se acuerda casi nadie. 

Fue una tertulia que me dejó un recuerdo muy arraigado pues casi gráficamente la he venido asimilando a unos papelitos de los que también nos habló San Josemaría: No quería llevar estampas en el Breviario, para no apegarme a esas imágenes: lo hice por un motivo que no es el caso. Y  usaba unos papeles largos doblados, para señalar las páginas. En esos papeles blancos solía escribir: ure igne Sancti Spiritus!; quema con el fuego del Espíritu Santo. De modo que mi devoción al Paráclito es vieja. 

El Señor había dicho a los Apóstoles: “Yo rogare al Padre, y os dará otro Paráclito, otro Consolador, para que permanezca con vosotros eternamente” (Jn 14,16). Y leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles que “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y sucedió que, de repente, sobrevino del cielo un ruido como de viento impetuoso que invadió toda la casa donde se encontraban. Al mismo tiempo, unas lenguas de fuego se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos” Se conoce que la devoción al Espíritu Santo en Don Josemaría estaba bien enraizada pues en su libro del Santo Rosario escribió en 1931:  Llenos del Espíritu Santo, como borrachos, estaban los Apóstoles 

Por obra del Espíritu Santo. los discípulos son transformados: los cobardes se vuelven valientes; los incrédulos, llenos de fe; los ignorantes, sabios. Confiados en la fuerza de Dios, dan inicio a su misión universal, predicando el Evangelio por todo el mundo. Os brindo este punto de Surco para que también nosotros sigamos la expansión de la Iglesia, para llenar el mundo de amor: Tres puntos importantísimos para arrastrar las almas al Señor: que te olvides de ti, y pienses sólo en la gloria de tu Padre Dios; que sometas filialmente tu voluntad a la Voluntad del Cielo, como te enseñó Jesucristo; que secundes dócilmente las luces del Espíritu Santo (Surco, 793). 

Y os ofrezco también una oración que San Josemaría compuso en el año 1934 y que quizá estáis buscando para recitar estos días en los que hemos de tratar mas al Gran Desconocido: Ven, ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad…     He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo:después…, mañana. Nunc cœpi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.¡Oh, Espíritu de verdad y sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras… 

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Published in: on mayo 18, 2007 at 11:58 am  Dejar un comentario  

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