Murió soñando y sonriendo

Han pasado ya unos meses del fallecimiento de Don Luis Adaro y los ecos de su vida siguen reflejando un carácter fuerte para la amistad y el cariño, para el trabajo y el honor y también para el humor y el agasajo. Estos dos aspectos los recuerdo por la atención que en las últimas semanas de su vida le presté como sacerdote de la Prelatura del Opus Dei. A Don Luis le asistía en sus atenciones materiales de viajes, paseos y otros menesteres Pablo cuyo cariño y respeto por Don Luis fue creciendo de día en día. Solía Pablo llamarme por indicación de Don Luis para que me acercara a confesarle y algunos días para llevarle la comunión. Cuando se trataba de esto último, venía Pablo con el coche y me llevaba a la casa y con todo cuidado y atención Pablo me acompañaba y me precedía abriendo las puertas y encendiendo las luces por dónde iba a pasar el Señor que yo llevaba en la teca, muy cerca del corazón en el bolsillo interior de mi chaqueta del cleryman, u otras veces de la sotana.  La primera vez que me pasó he de reconocer que me sorprendió y en cierto modo me predispuso a la contra. Don Luis había tenido la idea, y así me lo dijo después de un tiempo prudencial en que él se recogía para rezar después de comulgar, de agasajarme tomando un ligero aperitivo. Me dijo con un cierto tono guasón: “Y si le hace unas patatinas fritas con un vinín” Me deje querer y pude apreciar que a él también le gustaba las patatinas y el quesito manchego y las aceitunas y el vino clarete que nos tomábamos.Esto se repitió varias veces. La última el mismo día en que falleció, pues por la mañana antes del mediodía me acompaño Pablo y fui a llevarle la comunión y también le confesé. 

Pero lo que no sabía hasta hace unos días, según me contó Pablo es que ese mismo día, Don Luis después de comer se retiró a descansar. Que pasó un tiempo y Pablo oyó unas susurros como de risas o regocijo que venían de la habitación donde reposaba aquel. Se intranquilizó y fue a la habitación a ver si le pasaba algo y no vio más que a Don Luis que dormía plácidamente y que tenía una apreciable sonrisa en su semblante. Pasó otro tiempo más largo y la próxima vez que le vio tenía la misma expresión, pero ya había fallecido.

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Published in: on marzo 27, 2007 at 6:23 pm  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Muy bonito este artículo d. José Luís. Y también darle gracias por su apoyo a mi blog. Ha sido buena idea, y ya verá como este tipo de hacer llegar ideas buenas a la gente se va extendiendo. Es verdad que un blog, en principio, es muy difícil que supere unos centenares de lectores, pero es gente muy fiel. Lo importante es que siempre haya algo nuevo, la frecuencia puede ser variable, pero siempre que mira ve algo nuevo. Me parece que esto es clave. Bueno, saludos de Rafael


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