Matrimonio y familia III

El oscurecimiento de la verdad del “principio

  1. La presión de los tiempos

a)      Tiempos de crisis.

Todos los tiempos han sufrido de modos diversos la presión del pecado sobre la visión original del matrimonio y la familia que este genera. Pero se puede también decir que hay en estos tiempos actuales y en países occidentales e incluso de vieja tradición cristiana un oscurecimiento de casi todas las realidades que conforman la verdad plena del matrimonio. Es lo que se ha venido en llamar la “crisis” actual de la institución matrimonial. Mas que crisis hay que hablar así, de multitud de focos de crisis que tienen como punto central el rechazo de la verdad objetiva de la naturaleza humana (lo que sea el hombre) que condicionará el comportamiento recto de este como persona (lo que debe hacer)

            Se podrían enumerar esa multitud de elementos pero para resumir a los puntos básicos y de fondo se puede decir que

·                 Se extiende un concepto de libertad individualista y subjetivo que evita todo compromiso

·                 Se desvincula la sexualidad de la dignidad de la persona: el sexo es un elemento de libre manipulación y uso

·                 Se sostiene que el matrimonio no es más que un convencionalismo mas fruto de una cultura determinada y que por tanto nada debe ser objetivo ni siquiera la relación entre matrimonio y descendencia

·                 Se considera la familia, por tanto, sin fundamento serio en la naturaleza humana y puede haber tantos modelos de familia como  abiertas sean las mentes: debe rechazarse la llamada, no sin intención, familia tradicional

b)      La ideología de genero

Pero, sin duda, la ruptura mas fuerte entre la realidad de lo que somos y de cómo justificamos la conducta respecto a la diferenciación sexual es aquella que pretende la llamada “ideología de género” y las teorías “queer” (Sobre las teorías “queer cfr M. ELÓSEGUI, Modelos de familia y heterosexualidad. El Estado y el derecho ante la realidad familiar en VV.AA, Cristianos y democracia, pp285-306).

Somos cuerpo. Desgraciadamente, en estos tiempos, ni verdades obvias como ésta están a salvo. Los extremos se tocan, y no es extraño que, casi en la misma frase, se afirme el dominio de la mente respecto al cuerpo (mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero) y el dominio del cuerpo frente a la mente (era la naturaleza, no podía evitarlo). Estos dos extremos ignoran que el cuerpo no es una posesión, sino la manifestación de la persona, el «engarce entre la libertad personal y el mundo», en palabras de la profesora Natalia López Moratalla, profesora de la Universidad de Navarra.  La naturaleza es tozuda y se empeña en manifestarse a través de las consecuencias de nuestros actos. 

2.      ¿Estamos ante una simple cuestión de opiniones? 

Parece ser que la crisis actual, como todas las crisis que en el mundo han sido, no se debe a que circulen opiniones más o menos involuntariamente equivocadas, como si fueran idus de marzo. Mas bien se debe a errores profundos teóricos sobre aspectos básicos de la naturaleza humana (la unidad de cuerpo y alma en la persona humana, el sentido de corporalidad sexuada, la libertad capaz de compromisos, el amor engendrador del don de la vida, etc). Y esos yerros no habrían podido asentarse en la cultura sin la complicidad de los desórdenes prácticos que llevan consigo. Por eso la solución de las crisis de todos los tiempos, también y especialmente de este, depende principalmente de la vida buena de las personas una por una, de los matrimonios, uno por uno y de las familias, una por una.

Sin embargo hay que reflexionar sobre sus causas y ver que siempre hay mentiras o verdades a medias que no están suficientemente clarificadas: por ejemplo

 ·                 La forma de entender la relación entre sexo y género hasta hace poco era discriminatoria contra la mujer, y es preciso cambiarla para hacerle justicia. Si se aplica una vinculación determinista entre sexo y rol social, tanto al varón como a la mujer se les niegan roles enriquecedores. Una justa comprensión de la relación entre sexo y género no es sólo una cuestión de justicia hacia las mujeres, al abrirles el acceso a lo público (lo que no implica su incorporación obligatoria al mundo laboral) sin denigrar su feminidad, sino que también ha de ayudar al varón a comprender su papel en el ámbito privado y en la paternidad.

·                 El matrimonio tradicional ha sido injustamente favorecido desde la religión y el Estado. El poder no ha reconocido el matrimonio para favorecerlo. El reconocimiento ha sido más bien fruto del esfuerzo de los esposos, a través de siglos de Historia, para cumplir fielmente sus deberes conyugales y familiares. Ese esfuerzo ha demostrado la bondad de este vínculo, y por eso se ha convertido en patrimonio jurídico.

·                 Adán y Eva son figuras puramente metafóricas usadas para justificar la inferioridad y dependencia de la mujer respecto del varón. Aunque el darwinismo puro creía que una especie sólo podía surgir de un grupo relativamente grande de otra a través de híbridos, la investigación reciente ha descubierto posibles cauces por los que una única pareja de varón y mujer, nacidos de una pareja de antecesores no humanos, podrían haber dado origen a la estirpe humana. Además, el relato bíblico, en su lenguaje, presenta a la mujer como intrínsecamente igual al varón, y a ambos, como los dos modos de ser persona.

·                 La libertad es un absoluto que no me puede determinar compromisos y mucho menos referencias al contenido ético de las decisiones. Este es un concepto de libertad que afecta a la base misma del concepto del amor conyugal. El amor es libertad, pero libertad de la criatura humana que es finita y limitada y no tiene todas las opciones disponibles. Si toma una, otras muchas quedaran en el tintero de lo posible. Esto nos llevaría al absurdo de que la máxima libertad sería no escoger nada, no hacer ninguna elección, así todas están abiertas

·                 A mi lo que me interesa es mantener abiertas las máximas opciones de bienes posibles y que la sociedad y el Estado me las otorgue sin limitación alguna. Pero se olvida que para pasar del bien posible al bien real se han de hacer elecciones y ejecutar decisiones que comprometen a unos y otros. El Cardenal Ratzinger antes de ser el papa Benedicto XVI escribió unos artículos que vienen reunidosen el libro Verdad, valores y poder. En el primero de ellos que además es un discurso de agradecimiento por haber sido nombrado membre associé étranger  de la Academia de Ciencias Morales y Políticas del Instituto de Francia, ocupando el lugar dejado por el físico ruso Andrei Sajarov, nos dice: “Nos hallamos ante la pregunta que Sajarov nos plantea hoy día a todos nosotros ¿Cómo puede el mundo libre afrontar su responsabilidad moral? (…) Una libertad cuyo único argumento consistiera en la posibilidad de satisfacer las necesidades no sería una libertad humana, seguiriía recluida en el ámbito animal. La libertad individual huera se anula a sí misma, porque la libertad del individuo solo puede subsistir en un orden de libertades. (…)La misma idea se podría expresar también así: el concepto de libertad reclama, por su misma esencia, un complemento que le proporcionan estos dos nuevos conceptos: lo justo y lo bueno. (…) La libertad requiere que los gobiernos y los que tienen responsabilidades se inclinen ante una realidad que se yergue indefensa y no es capaz de ejercer violencia alguna: la moral entendida como un lazo público y común” al servicio de la humanidad entera. Es difícil ver como puede la democracia, que descansa sobre el principio mayoritario mantener su vigencia sin referencia alguna a algo que es anterior y superior a la sociedad y a la familia, “sin introducir un dogmatismo que le es esencialmente extraño” 

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Published in: on marzo 20, 2007 at 4:24 pm  Dejar un comentario  

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