¡Tantos hogares que son uno solo!

 

Un sólo corazón y un alma única (Act 4, 32). Esto que vivían desde el principio los primeros cristianos lo tenemos muy claro también desde el principio en el Opus Dei. Formamos una familia de vínculos sobrenaturales, todos sus fieles, los casados, los solteros, los viudos, los sacerdotes. Las y los. Somos hermanos porque pertenecemos a una misma familia sobrenatural: por ser hijos de Dios, e hijos de nuestro Fundador que ha sentido en él esa participación de la paternidad divina (Cfr.1 Cor 4, 15).

De ahí surge una fraternidad bien vivida. Y nos vemos como lo que somas en palabras de san Josemaría citadas por su sucesor fidelísimo, Don Álvaro “Familia y milicia: un rincon de Nazaret. La Obra es familia, itantos hogares que son uno solo!, hogar con carino humano y sobrenatural, sin sensiblerias, donde cada una y cada uno, con la presencia eficaz de Jesus y de Maria y de Jose, encuentra nuevas fuerzas y aliento, para perseverar en la lucha y dar la vida con Cristo” (Don Alvaro, Carta 9.1.80, n. 10)

          Somos conscientes de haber recibido como todos los cristianos el mandatum novum, el mandamiento nuevo del quererse (loh 13, 34-35). Y por ello intentamos una delicadeza extrema en el trato. Querer a las demas como son, con sus defectos, y ayudarles con comprension y paciencia a vencerlos.

         Cuenta también Don Alvaro que San Josemaría, en la vida de familia prestaba pequeños servicios con elegancia, añadiendo siempre alguna frase amable, alguna broma, para evitar que el interesado se sintiera incómodo por ser servido por el Padre. Recuerdo que me limpiaba las gafas a menudo, repitiendo con buen humor un dicho usual en España: están tan sucias que se podrían plantar cebolletas.(Alvaro del Portillo, Entrevista sobre  el Fundador, 107 ,3)

         La cosa viene de lejos.  De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Efesios (Caps. 2, 2-5, 2: Funk 1,175-177) se puede recoger un modelo que es un cántico, una melodía de amor cristiano que es humano y divino al mismo tiempo”Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro, de modo que, por vuestra unión y concordia en el amor, seáis como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que os escuche y os reconozca, por vuestras buenas obras, como miembros de su Hijo. Os conviene, por tanto, manteneros en una unidad perfecta, para que seáis siempre partícipes de Dios.”

         No existe corazón más humano que el de una criatura que rebosa sentido sobrenatural. Piensa en Santa María, la llena de gracia, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo: en su Corazón cabe la humanidad entera sin diferencias ni discriminaciones. -Cada uno es su hijo, su hija. (San Josemaría, SURCO, CORAZÓN, 801)

        Las experiencias personales son abundantes. Marta Risari, una milanesa del Opus Dei, directora durante una década de un centro del Opus Dei en Verona, cuenta como ha influido en su vida su pasión por la montaña, heredada de su familia y a su vez como eso ha contribuido a hacerse de la familia del Opus Dei            Soy una apasionada de la montaña, lo mismo que toda mi familia, de hondas raíces milanesas. Llevamos ese amor  inscrito en nuestro DNA, desde los abuelos hasta los nietos. Conservo una fotografía de 1930 en blanco y negro de mis abuelos, de cuando eran novios. Se la hicieron en el Bernina, una de las cimas más impresionantes de los Alpes centrales, y van con el equipo de montaña propio de la época. Entonces no era frecuente que una mujer hiciese alpinismo, ni que fuese licenciada en lengua y literatura inglesa, como mi abuela.       En otra fotografía, de 1928, se ve a un grupo de esquiadores de la Universidad Boconni y del Politécnico. Entre ellos descubro el rostro sonriente de mi otro abuelo. Y como éstas, hay muchas más fotografías –ya en colores- en el álbum familiar, en las que van apareciendo todos los miembros de la familia, de las sucesivas generaciones, hasta llegar a mis sobrinos pequeños, sonrientes y felices en la ladera o en la cima de una montaña.       Con el paso de los años he ido descubriendo el profundo paralelismo que tiene esa afición familiar con mi vida en el Opus Dei: ese afán por subir a lo más alto, en un clima de solidaridad y compañerismo, respirando el aire puro de la montaña…       Soy numeraria desde hace 25 años y este paralelismo me resulta cada vez más claro: tanto en la montaña como en la entrega a Dios se presentan ascensiones difíciles, caminatas por valles plácidos, y caminos que necesitan –para recorrerlos con fortuna- del consejo y la ayuda de los demás. Y como sucede en la montaña,  a veces hay que volver sobre los propios pasos para reencontrar la vereda… siempre la alegría íntima de saberse profundamente amado por el Amor de Dios. No es una travesía fácil, pero tampoco reviste una dificultad extrema, porque Jesús no nos abandona y camina siempre a nuestro lado, como les sucedió a los discípulos de Emaús.

     El encuentro de mi familia con el Opus Dei estuvo ligado también a la pasión por la montaña. Una amiga de mi madre, María Grazia, con la que había hecho muchas travesías inolvidables por diversas zonas de Italia, conoció el Opus Dei en 1960 y poco después pidió la admisión como numeraria. A mi madre le impresionó la alegría con la María Grazia que le hablaba de ese nuevo camino interior que había descubierto. Años después me enamoré yo también de este camino. Ahora, cada vez que me encuentro con María Grazia me enseña, para hacerme feliz, una vieja fotografía en la que aparecen mi madre y ella, con atuendo scout, sobre un glaciar.       
En la actualidad me dedico profesionalmente al desarrollo de algunas iniciativas que han surgido en el ámbito de la educación tanto en el centro como en el Sur de Italia, promovidas por miembros y amigos del Opus Dei: Colegios Universitarios, centros de formación profesional para mujeres jóvenes de la Italia meridional, cursos para la formación de empleadas del hogar, etc. El cuidado de la formación humana y espiritual de tantas personas es una aventura apasionante y hay que caminar como en la montaña: sin perder de vista la cima ni la grandeza del horizonte y pendiente de mil cosas concretas, porque las grandes travesías son siempre la suma de muchos pasos pequeños: un paso, y  otro, y  otro…

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Published in: on marzo 10, 2007 at 7:25 pm  Dejar un comentario  

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