El mal relativo

Aprovechando mi estancia en tierras palentinas en vuelto a leer la novela de Joseph Roth, Confesiones de un asesino, en la edición de Anagrama de 1992, que me ha parecido otra vez obsesiva y fascinadora al mismo tiempo. Ya hacía años que no la leía y siempre la recordaba con esta sensación agridulce, de atracción y repulsión, pero al mismo tiempo que te atrapa. Su argumento es conocido. El narrador  nos introduce en el mundo de los exiliados rusos de tercera categoría para presentarnos la confesión de un antiguo agente de la policía zarista, la Ojrana, de nombre Semion Golubchick, que es quien en realidad toma la palabra a lo largo de casi toda la obra, presentando sus emociones, sus miedos, sus canalladas. Nos seduce más bien por su fragilidad extrema – Golubchik en ruso significa “palomita”. Pero el otro personaje nos cautiva en un grado que podriamos calificar de maléfico: es Jenö Lakatus, que actúa como una genuina encarnación del mal, un Satán moderno dispuesto a comprar almas y servir a quienquiera que opte por sacrificar su dignidad – sea el zarismo o los soviets. Soy un canalla, dirá varias veces en su confesión Golubchik-Krapotkin que en su dualidad comprada a precio oneroso le lleva a un proceder rastrero que no puede dejarnos de encandilar a pesar de sus traiciones y delitos. Pero Lakatos refleja una visión del mal que en su perversidad más maligna es relativa. Es una idea que me bulle siempre que me enfrento a la idea del mal en este mundo. El cojeante Lakatos aparece y desaparece. Deja destellos azules en sus corales de celuloide introducidos desde Hungría. Compra y vende. Pero no lo puede todo, sí casi todo, pero son juegos malabares que llaman poderosamente la atención para que te metas en el círculo de su influencia. Es el cuento que se cuenta del diablo como perro rabioso, pero atado con una cadena de hierro a un clavo inmenso hundido en la tierra. Tiene un radio de acción y si te metes en el espacio que lo delimita puede que te destroce. Esto se constata también en la historia de Golubchik y sus relaciones de amor, odio y traiciones a los otros personajes que le rodean. Da la impresión que el mal que produce y que se produce a si mismo tuviera una relatividad sorprendente, en el sentido de que es injusta: es mal porque es injusto. Los personajes abyectos salen relativamente bien parados: a Golubchik no le mata ni la Gran Guerra, Lutetia escapa de una muerte terrible y llega a vieja. Los personajes inocentes denunciados como la familia de los Rifkin sucumben apenas llegan a Rusia. Todo ello me lleva a pensar que el Mal, así, con mayuscula, alcanza en este mundo a aquellos que relativa e injustamente caen en su órbita. Pero que hay un Bien que sí es absoluto y cuyo ámbito pasa la raya del horizonte. Golubchik acaba viviendo “la más sublime y profundas de todas las tragedias: la tragedia de la banalidad”. Pero lo banal desvela, al que sabe ver, la relatividad del mal que se desespera y se despereza.

Anuncios
Published in: on marzo 2, 2007 at 5:41 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://jchordi.wordpress.com/2007/03/02/el-mal-relativo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: