Texto “cuaresmal” de San Clemente Romano

En una alocusión de los miércoles el Papa Benedicto XVI nos presentaba a San Clemente Romano, como tercer sucesor de Pedro que animaba a los destinatarios de su Carta y a todos los cristianos pues el mensaje cristiano, en palabras del papa actual “Es un anuncio que llena de alegría nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros pecados”.

Los primeros capítulos de la carta son exhortativos a la conversión, al entrar en si mismos para reconocer los fallos y pecados. Son capítulos de conversión y por ello la Liturgia de las horas ha venido poniéndolos en los comienzos de la cuaresma. Pongamos algunos textos

Miércoles de Ceniza                

Convertíos                

[De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios       (Caps. 7, 4-8, 3; 8, 5-9, 1; 13, 1-4; 19, 2: Funk 1, 71, 72, 73. 77, 78, 87)]                

Fijemos con atención nuestra mirada en la sangre de Cristo, y reconozcamos cuán preciosa ha sido a los ojos de Dios, su Padre, pues, derramada por nuestra salvación, alcanzó la gracia de la penitencia para todo el mundo.                Recorramos todos los tiempos, y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a él. Noé predicó la penitencia, y los que lo escucharon se salvaron. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido.               

De la penitencia hablaron, inspirados por el Espíritu Santo, los que fueron ministros de la gracia de Dios. Y el mismo Señor de todas las cosas habló también, con juramento, de la penitencia diciendo: Por mi vida -oráculo del Señor-, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta; y añade aquella hermosa sentencia: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo “Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como púrpura y rojos como escarlata, si os convertís a mi de todo corazón y decís: “Padre”, os escucharé como a mi pueblo santo”.               

Queriendo, pues, el Señor que todos los que él ama tengan parte en la penitencia, lo confirmó así con su omnipotente voluntad.  Obedezcamos, por tanto, a su magnífico y glorioso designio, e, implorando con súplicas su misericordia y benignidad, recurramos a su benevolencia y convirtámonos, dejadas a un lado las vanas obras, las contiendas y la envidia, que conduce a la muerte.    Seamos, pues, humildes, hermanos, y, deponiendo toda jactancia, ostentación e insensatez, y los arrebatos de la ira, cumplamos lo que está escrito, pues lo dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza; el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, para buscarle a él y practicar el derecho y la justicia; especialmente si tenemos presentes las palabras del Señor Jesús, aquellas que pronunció para enseñarnos la benignidad y la longanimidad.               

Dijo, en efecto: Sed misericordiosos, y alcanzaréis misericordia; perdonad, y se os perdonará; como vosotros fijáis, así se os hará a vosotros; dad, y se os dará; no juzguéis, y no os juzgarán; como usaréis la benignidad, así la usarán con vosotros; la medida que uséis la usarán con vosotros.   Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia a sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.    Como quiera, pues, que hemos participado de tantos, tan grandes y tan ilustres hechos, emprendamos otra vez la carrera hacia la meta de paz que nos fue anunciada desde el principio y fijemos nuestra mirada en el Padre y Creador del universo, acogiéndonos a los magníficos y sobreabundantes dones y beneficios de su paz 

Publicado en  on Febrero 29, 2008 at 5:57 pm Dejar un comentario
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NOTA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

Publicado en  on Febrero 11, 2008 at 12:56 pm Dejar un comentario

Vuelvo con los enfermos

Un mes he estado ausente de mi cita con vosotros. Ya en la brecha aprovecho la ocasión de la fecha -11 de febrero, Nuestra Señora de Lourdes y Jornada Mundial del enfermo- para brindaros junto al Mensaje del Papa Benedicto XVI para esta ocasión algunos párrafos que me han parecido mas significativos    

        El 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo, ocasión propicia para reflexionar sobre el sentido del dolor y sobre el deber cristiano de salir a su encuentro en cualquier circunstancia que se presente. Este año, en esa fecha coinciden dos importantes acontecimientos para la vida de la Iglesia, como se puede apreciar ya en el tema elegido —”La Eucaristía, Lourdes y la atención pastoral a los enfermos”—: el 150° aniversario de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes y la celebración del Congreso eucarístico internacional en Quebec (Canadá). De ese modo se brinda una ocasión singular para considerar la íntima unión que existe entre el misterio eucarístico, el papel de María en el plan salvífico y la realidad del dolor y del sufrimiento del hombre.

El 150° aniversario de las apariciones de Lourdes nos invita a dirigir la mirada hacia la Virgen santísima, cuya Inmaculada Concepción constituye el don sublime y gratuito de Dios a una mujer, para que pudiera adherirse plenamente a los designios divinos con fe firme e inquebrantable, a pesar de las pruebas y los sufrimientos que debía afrontar.

Por eso, María es modelo de abandono total a la voluntad de Dios: acogió en su corazón al Verbo eterno y lo concibió en su seno virginal; se fió de Dios y, con el alma traspasada por la espada del dolor (cf. Lc 2, 35), no dudó en compartir la pasión de su Hijo, renovando en el Calvario, al pie de la cruz, el “sí” de la Anunciación.

Existe un nexo inseparable entre la Madre y el Hijo engendrado en su seno por obra del Espíritu Santo, y este vínculo lo percibimos, de manera misteriosa, en el sacramento de la Eucaristía, como pusieron de relieve desde los primeros siglos los Padres de la Iglesia y los teólogos.

«La carne nacida de María, procediendo del Espíritu Santo, es el pan bajado del cielo», afirma san Hilario de Poitiers; y en el Sacramentario Bergomense, del siglo IX, leemos: «Su seno hizo florecer un fruto, un pan que nos ha colmado de un don angélico. María restituyó a la salvación lo que Eva destruyó con su culpa».

Desde esta perspectiva se comprende mucho mejor por qué en Lourdes el culto a la santísima Virgen María va unido a un fuerte y constante culto a la Eucaristía, con celebraciones eucarísticas diarias, con la adoración del santísimo Sacramento y la bendición a los enfermos, que constituye uno de los momentos más fuertes de la visita de los peregrinos a la gruta de Massabielle.

La presencia en Lourdes de muchos peregrinos enfermos y de voluntarios que los acompañan ayuda a reflexionar sobre la solicitud materna y tierna que la Virgen manifiesta con respecto al dolor y a los sufrimientos del hombre.

Jesucristo redimió al mundo con su sufrimiento, con su muerte y resurrección, y quiso quedarse con nosotros como “pan de vida” en nuestra peregrinación terrena. El tema del Congreso eucarístico, «La Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo», subraya que la Eucaristía es el don que el Padre hace al mundo de su único Hijo, encarnado y crucificado. Él es quien nos reúne en torno a la mesa eucarística, suscitando en sus discípulos una solicitud amorosa en favor de los que sufren y los enfermos, en los que la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor.

Por consiguiente, si en Quebec se contempla el misterio de la Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo, en la Jornada mundial del enfermo, con un paralelismo espiritual ideal, no sólo se celebra la efectiva participación del sufrimiento humano en la obra salvífica de Dios, sino que también se puede gozar, en cierto sentido, de los extraordinarios frutos prometidos a quienes creen. Así, el dolor, acogido con fe, se convierte en la puerta para entrar en el misterio del sufrimiento redentor de Jesús y para llegar con él a la paz y a la felicidad de su resurrección.

Se trata de una ocasión para subrayar la importancia de la santa misa, de la adoración eucarística y del culto a la Eucaristía, haciendo que las capillas en los centros de salud se transformen en el corazón palpitante en el que Jesús se ofrece incesantemente al Padre para la vida de la humanidad. También la distribución de la Eucaristía a los enfermos, hecha con decoro y espíritu de oración, es verdadero consuelo para quienes sufren por cualquier forma de enfermedad.

Encomiendo a todos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, Inmaculada Concepción. Que ella ayude a cada uno a testimoniar que la única respuesta válida al dolor y al sufrimiento humano es Cristo, el cual al resucitar venció la muerte y nos dio la vida que no tiene fin.

Con estos sentimientos, imparto de corazón a todos una bendición apostólica especial.

Vaticano, 11 de enero de 2008

Publicado en  on at 11:10 am Dejar un comentario

Compromiso

Muy buena idea, Rafael, la de meterse en el laberinto dónde ya no se tiene perspectiva. Y excelente tambien el comentario que un lector asiduo te hace sobre el compromiso. Por ello permíteme que la reproduzca tal cual. Gracias 

Publicado en  on Julio 20, 2007 at 10:39 am Dejar un comentario
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Matrimonio y familia

null   Matrimonio y familia (2 ª Ed. )

Juan Ignacio Bañares / Jorge Miras

Una introducción sintética a los temas fundamentales sobre el matrimonio y la familia en la revelación cristiana. Los autores procuran mostrar razonadamente, a la luz de las enseñanzas más recientes del magisterio eclesial, la profunda coherencia de la doctrina y de la moral católicas con una visión integral de la persona humana.

Juan Ignacio Bañares (Barcelona), sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, Licenciado en Filosofía e Historia de la Educación por la Universidad Central de Barcelona y Doctor en Derecho canónico por la Universidad de Navarra, donde es Profesor de Derecho Matrimonial desde 1984. Es Subdirector del Instituto de Ciencias para la Familia, de la misma Universidad, y desde su ordenación en 1979 ha trabajado con la juventud universitaria.

Jorge Miras (Ceuta), sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, es Doctor en Derecho canónico y Doctor en Derecho por la Universidad de Navarra, en cuya Facultad de Derecho canónico enseña Derecho administrativo y desempeña actualmente la función de Decano. Es autor de numerosas publicaciones en el ámbito de su especialidad y ejerce su actividad pastoral desde hace casi veinte años en la atención de estudiantes universitarios,

Cód.: 145019 ISBN: 9788432136221

13,0X20,0 cms. 208 págs. Rústica

Publicado en  on Marzo 19, 2007 at 11:00 am Comentarios (2)

Varón y mujer

Varón y mujer
Teología del cuerpo
 

Recoge este libro los 23 capítulos iniciales de la teología del cuerpo de Juan Pablo II, centrados en la igualdad y la diferencia entre el varón y la mujer en la Sagrada Escritura.

     En esta obra se recogen los discursos Juan Pablo II en veintitrés audiencias generales, abordando con detalle las grandes cuestiones que los hombres, y también los cristianos, de hoy se plantean acerca de la igualdad y la diferencia entre el varón y la mujer. Se trata de un pensamiento lleno de originalidad, basado en la Sagrada Escritura y en la antropología personalista, y que constituye uno de los pilares de las enseñanzas del Papa Juan Pablo II 

Teología del cuerpo Autor: Juan Pablo II
Colección: Libros Palabra
Publico: Público en general
ISBN: 84-8239-061-9
6ª edición
11,06 € (sin IVA)
11,50 € (con IVA)
Páginas: 176
Tamaño: 13,5 x 21

Publicado en  on Marzo 17, 2007 at 7:38 pm Comentarios (1)