Videos con alegría

Os presento este video  que me ha gustado especialmente  por su sencillez y la alegría que comunica, pero es bueno que sepáis que forma parte de un grupo de 25 videos que podéis ver en esta dirección http://es.youtube.com/videosopusdei

Publicado en  on Marzo 10, 2008 at 4:44 pm Dejar un comentario
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Las peñas nunca vienen solas

Güeyu Peña FranciaMe habían hablado de una senda cercana aquí, a Gijón, la senda de Peña Francia. Qué notable nombre, de resonancias tan fuertes para un salmantino que ha vivido años al lado de otra Peña de Francia, casi al pie, en Miranda del Castañar. Así que el domingo pasado que tenía unas horas para pasear por la tarde me marché hasta Deva y recorrí gran parte de dicho camino o senda. Me fui provisto de un itinerario que saqué de la página senda del rió pena francia asturias y la verdad es que lo pasamos muy bien y me gustó. Pregunté a algunos paisanos de Deva cuál sería el origen de este nombre, Peña Francia, y hubo pareceres para diversos gustos; en fin que me quedé con las ganas de saber si tendría que ver algo con la advocación de la Virgen Peña de FranciaVirgen de la P eña de Francia,  y mas al llegar al Güeyu Deva, del que nace el arroyo Francia y dónde hay una ermita con el nombre de Nuestra Señora de Peña Francia. Luego, ya en casa, consulté el volumen de La Toponimia Asturiana y me dio alguna razón, como variante de frayar que sería francer, ‘romper’, ‘quebrar’, con lo cual peña francia, sería algo así como peña quebrada. No sé, porque la verdad es que la peña está rasgada por el manantial, pero no es para tanto la quebradura.

 

Pero ahora vienen, suscitados quizá por esos nombres, los recuerdos de mi niñez cuando viviendo en Miranda íbamos a la Peña de Francia a rezar a la Virgen de la Peña y a cumplir promesas. Las promesas las hacía mi madre, y yo iba con ella, unas veces venía mi padre, que era el médico de Miranda, y otras no. Fuimos varias veces y solíamos ir en camiones, en cuya caja se ponían bancos de iglesia, y como eran días de verano, pues no importaba. Solíamos ir por Cepeda, algunas veces, pocas por Mogarraz, hasta La Alberca y ( ver Mapa de Miranda, La Alberca y La Peña) luego, si no era la fiesta del 8 de septiembre, continuábamos un buen trecho hasta el Casarito, desde donde se tomaban unos caminos carreteros que sólo los camioneros más atrevidos nos llevaban. Un poco más adelante, recuerdo que empezaban las vueltas y revueltas de la aproximación a la parte que daba a La Alberca, que era de donde salían más caminos para la subida. Porque las promesas eran subir por los caminos, calzados o descalzos, que también se hacían.

Unas veces llegábamos al cruce que llamaban “El paso los lobos”, que desde allí también se subía, aunque menos. Por la carretera ya se podía ir, pero yo creo que fui una vez en un camión y pasé un miedo inmenso, pues tenían que ponerle calzos a las ruedas para hacer las maniobras, y el coche se iba para atrás al precipicio. Mucho miedo. Cuando subía con mi madre, mejor, porque andábamos por los senderos junto con la gente y se cantaba el rosario y otros cánticos.

Llegábamos a El Casarito y allí la gente se bajaba del camión y se preparaban las comidas para llevar y lo que era más importante: el calzado o el descalzado, pues se protegían los dedos de los pies con trapos. Y hala ¡ para arriba por los senderos. Tardábamos dos y tres horas, y llegábamos a la Capilla del Santo Cristo, que fue dónde se apareció la Virgen a Simón Vela, que a mi me daba mucha impresión, no sólo por el sitio sagrado sino también porque estaba repleto de mosquitos grandes pegados a las paredes. Luego ya cumplida la promesa, íbamos al Santuario a saludar a la Virgen y a Misa, pues había muchas misas a todas las horas. Luego se comía y se compraban unos turrones hechos de barquillos, piñones y miel que decían que eran de las Batuecas, pues había muchos puestos donde los niños disfrutábamos con las chucherías que allí había. Después de rezar el Rosario en el Santuario, se bajaba por la carretera hasta el cruce de “El paso los lobos”  pues aquí ya llegaban los camiones y se merendaba ya que las tardes eran muy grandes y el sol en aquellas alturas estaba más tiempo.


 

Publicado en  on Febrero 29, 2008 at 1:16 pm Dejar un comentario
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Ciencia y anónimos

La ciencia, en principio, no suele trabajar con anónimos sin verificar. Por eso, para un científico que se precie, emitir un juicio basado en información anónima sin verificar es -para empezar- como para retirar o desdecir públicamente lo dicho. Con los mismos clarines, bombos y platillos internacionales con que se lanzó lo dicho.

 Resulta fascinante documentarahora que el juicio acusatoriode los “científicos” de La Sapienza contra Benedicto XVI era -en sentido estricto pleno- un juicio temerario [Drae: Que se dice, hace o piensa sin fundamento, razón o motivo].

Siempre hay que verificar y  perdonar siempre también al temerario. Para ello sirve muy bien esta presentación por el Papa

Publicado en  on Febrero 16, 2008 at 6:33 pm Dejar un comentario
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Ponerse a tiro

Son días de bondad y dádivas. No nos han de sobrar los agradecimientos. También y sobre todo porque Nuestra Madre Santa María es, como la llamaba frecuentemente  el querido Papa Juan Pablo II, “la más perfecta obra de Dios”.  

Y esta maravillosa criatura tiene corazón. La primera vez que se menciona en el Evangelio el corazón de María es para expresar toda la riqueza de la vida interior de la Virgen: María, escribe san Lucas, guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón (Lc 2, 19). Un corazón que es sabio  porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo [Cfr Ez 36, 26]–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón [Mt 11, 29]; sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad.

Un corazón así es un don divino, una muestra de que sólo Dios puede dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar. Como dice el Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi n. 31: “el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza (…) Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto.”

Pero un corazón así es alcanzado cuando se ha puesto a tiro, cuando ha dejado a la gracia que realice la esperanza de lo esperado. ¿Y quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su « sí » abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)? (Spe salvi, n. 49)

Ponerse a tiro es propio de almas enamoradas y agradecidas, que rezan y están a la escucha. Como Don Josemaría que el 25 de septiembre de 1938 se retira a hacer Ejercicios Espirituales a Santo Domingo de Silos, cercano a Burgos, para ponerse a tiro de la voluntad de Dios. Esto ya era cosa vieja y acostumbrada en él; Nunca mejor descrita su avidez de enamorado en conversación con el Señor: de tú a Tú, como explica a Ricardo en carta de fecha 13 de febrero de 1939, desde Vitoria donde estaba predicando un curso de retiro y residía en el Palacio episcopal de la ciudad:

¡Jesús te me guarde!

Tengo necesidad de escribiros a todos, hoy, vísperas de un día de acción de gracias… ¿Quién se acordará? Pasaré la noche entera junto al Señor, en la capilla de este Palacio Episcopal, ya que ha sido tan bueno Él, que… se me ha puesto a tiro. ¡Ojalá le dé en el Corazón! (Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, II, p. 342)

 Por ello, como leemos en la Spe salvi, n 31, “su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es « realmente » vida.” De ahí, la propuesta del Papa a que aprendamos la esperanza, que hagamos prácticas de esperanza. Y la primera manera es, claro está, rezar, hacer oración (Presentación de pps)

Publicado en  on Febrero 15, 2008 at 1:25 pm Dejar un comentario
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Gracias, Señor, por todo

hcaehf2ygcamxfjggcas6rod9ca31r370cavevveccai5rtakca8k3hh0ca0m23etca3n1q2ycableqydcaj21d2ccah30awfcaxclahvcarqckxocav98cdxcam0utquca3aswqd.jpg Las obras de Dios son perfectas.

Era este un sonsonete que se le hacía persistente a Don Josemaría allá por los años 30. Era, como nos dice autorizadamente el historiador Vazquez de Prada, una locución divina:

 La primera catalina, después de la guerra, corresponde al 13 de abril de 1939, y recoge una locución divina:
Me sorprendí, como hace años, diciendo —sin darme cuenta hasta después— “Dei perfecta sunt opera”. A la vez me quedó la seguridad plena, sin género de duda, de que ésa es la respuesta de mi Dios a su criatura pecadora, pero amante. ¡Todo lo espero de Él! ¡¡Bendito sea!! (Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei, tomo II, cap.12)

Y vinieron las mujeres y los sacerdotes porque efectivamente Dios hace las cosas muy bien: las hace como es El, en familia, en la familia de su Intimidad trinitaria, perfecta en su Unidad. Y le salió una familia de vínculos sobrenaturales al hacer el Opus Dei.

Es en esta familia donde hay de todo y de la que se participa de la abundancia de gracias y de “caricias” de Dios. Que todo es gracia, aunque nos sorprenda. Todo es don de Dios y por ello le damos gracias por todo, pues todo es bueno, todo es alimento.., como sugiere esta presentación de pps

Publicado en  on Febrero 13, 2008 at 6:28 pm Dejar un comentario
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Figuritas rotas

Estos días se ha vuelto a hablar del aborto. Precisamente en Navidad han salido a la luz los crímenes que se han cometido impunemente en esos mataderos que algunos se atreven a llamar “clínicas”.

En estos dias en los que se nos ha dado la mayor prueba del amor de Dios a los hombres, como dice Benediscto XVI en su reciente encíclica Spe salvi  en su número 27: “La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando « hasta el extremo », « hasta el total cumplimiento » (cf. Jn 13,1; 19,30). Quien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que sería propiamente « vida »…La vida en su verdadero sentido no la tiene uno solamente para sí, ni tampoco sólo por sí mismo: es una relación. Y la vida entera es relación con quien es la fuente de la vida. Si estamos en relación con Aquel que no muere, que es la Vida misma y el Amor mismo, entonces estamos en la vida. Entonces « vivimos ».

¿Puede haber una figura rota en la proximidad del amor? Puede, porque también ante el Amor con mayúscula se puede escoger la muerte. Le tomo prestado esta historia a D. Enrique, sobre una figurita rota en un belén; espero que no se me enfade.

Se me ha roto la indita de barro que modeló Aya Misawa.

La tenía junto a mis libros. Era una figurita tosca, ingenua —la artista que la creó tenía entonces trece años—, pero llena de delicadeza. Representaba a una chiquilla de tez oscura y largas trenzas negras rematadas con lazos rojos.

La vi en el concurso de belenes del Colegio hace cinco o seis navidades. Cada una de las niñas de 8º había modelado tres o cuatro figuras para el Nacimiento. El resultado fue catastrófico y previsible: frente al Portal se agolpaban seis reyes magos, cuarenta pastores y pastoras, y una multitud de personajes de todos los colores y estilos. Aquello parecía una boca del Metro en hora punta. Localizar al Niño Jesús no era empresa fácil.

La indita estaba en un rincón, y se me antojó preciosa.

—¿Quién la ha hecho?, pregunté.

—¡Quién va a ser!: Aya.

Lo más probable es que nadie la echara en falta cuando pasó el jurado para emitir su veredicto. La “robé”. Sirvan las comillas para atenuar mi culpa. Ahora que Aya ha vuelto a su tierra de Japón, tal vez lea este artículo y me perdone.

Al llegar a mi despacho, a la figura se le cayó una trenza. ¡Vaya por Dios! Disimulé el estropicio con superglú, y la puse en lo más alto de todo.

Hace un par de Navidades intenté incorporarla al belén de mi casa, pero fue repudiada por el artista de turno. Hay belenistas adultos que pretenden hacerlo todo proporcionado y razonable.

Este año he cambiado de domicilio, y, como no hay mudanza sin víctimas, al llegar a mi nueva habitación, la indita ha aparecido sin trenzas y decapitada en el fondo de la maleta.

Mientras la depositaba piadosamente en la papelera, pensé traer a colación esta íntima tragedia, porque se acerca la Navidad y todos estamos a punto de montar el belén. No dejéis de hacerlo. Ya os conté hace algunos años cómo Dios mismo quiso preparar el suyo, y lo llenó de galaxias y de estrellas, como quien pinta un decorado, para arropar a Jesús en la cuna. Desde entonces, cada vez que ponemos el Nacimiento, es como si Dios mismo nos invitara a que le imitemos jugando a ser creadores de un universo de corcho, barro y papel de plata, donde pueda reinar el Señor.

Es verdad que cada año, al desembalar la caja en la que guardamos las figuras, encontramos siempre alguna rota: al burro le duran poco sus orejas y hasta San José pierde el báculo con tanto ajetreo. No importa: las ovejas descalabradas y los camellos descabezados caben en este juego.

Al fin y al cabo en el primer belén, en el que puso Dios, también hubo figuras rotas.

A Dios se le rompieron un montón de niños que deberían haber estado junto al Portal: los Inocentes. ¿Os acordáis? Había poderosas razones de Estado, y Herodes se encargó de la faena.

Muchas veces he pensado que aquellos mártires diminutos bien podrían ser nombrados Patronos y protectores de las demás figuras rotas que siguen tiñendo de sangre nuestros belenes. Hablo de esos millones de niños que Dios quiere poner en el mundo cada día, y no lo consigue: los que son utilizados para guerras que no son suyas; los que mueren de hambre; los que tuvieron que aprender a corromperse para poder vivir; los que, todavía hoy, subsisten como esclavos; y, especialmente, los más indefensos: los que se quedan en carne de quirófano, muertos en el seno de su madre con música de Mozart, bisturí y aleteo de batas verdes.

Hace años, los diputados lograron frenar, por un solo voto, un proyecto de ley que habría hecho aún más sencillo y trivial el aborto. Todos nos alegramos de aquel éxito. Pero ahora que ya ha pasado el tiempo y he olvidado los nombres, debo decir que sentí lástima al oír los miserables argumentos que utilizaban en el Congreso, no los abortistas, sino determinados “defensores de la vida”.

Uno aseguraba que “ya es suficiente” con la ley actual. Suficiente, ¿para qué? Quien acepta sin remilgos una ley homicida, se queda sin razones para poner límites a la muerte.

Otro se oponía al aborto por disciplina de partido. Aquél argüía que no había suficiente demanda social… Y hubo incluso quien apeló a motivos reglamentarios.

Me vinieron a la memoria unos versos satíricos de Miguel d´Ors:

Andrés se hizo fascista por profundos motivos de peinado./ Yvonne marxista porque las milongas de los Quilapayún(…)/Doña Pura Testigo de Jehová por una minipimer, /Juan y Pedro mormones por razones de estricta sastrería…

Es cierto: en la prensa aparecieron espléndidas colaboraciones de médicos, de juristas, de filósofos; pero no oí a un sólo diputado recordar que la vida humana es sagrada. Los obispos se quedaron solos, como si defendiesen una mera cuestión religiosa.

Por eso, si encontrara los restos de la indita, descabezada y todo, trataría de ponerla en el belén, para no olvidarme este año de las figuras rotas.


 

Publicado en  on Diciembre 30, 2007 at 7:24 pm Dejar un comentario
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Resumen-Sumario Historia Breve del Cristianismo

Resumen-Sumario del libro de Orlandis, J. Historia breve del Cristianismo,  Rialp 1983  

 

  I.   Los orígenes del Cristianismo. El Cristianismo es la re­ligión fundada por Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hom­bre. Los cristianos —discípulos de Cristo— se incorporan por el bautismo a la comunidad visible de la salvación, que recibe el nombre de Iglesia.

II.   La Sinagoga y la Iglesia universal. Los cristianos, per­seguidos por el Sanedrín, se desvincularon muy pronto de la Sinagoga. El Cristianismo, desde sus orígenes, fue uni­versal, abierto a los gentiles, y éstos fueron declarados li­bres de las prescripciones de la Ley mosaica.

III.       El Imperio pagano y el Cristianismo. El Cristianismo nació y se desarrolló dentro del marco político-cultural del Imperio romano. Durante tres siglos, el Imperio pagano persiguió a los cristianos, porque su religión representaba otro universalismo y prohibía a los fíeles rendir culto reli­gioso al soberano.

IV. La vida de la primitiva Cristiandad. Los cristianos for­maron comunidades locales —iglesias— bajo la autoridad pastoral de un obispo. El obispo de Roma —sucesor del Apóstol Pedro— ejercía el Primado sobre todas las iglesias. La eucaristía era centro de la vida cristiana. El rechazo del Gnosticismo fue la gran victoria doctrinal de la Iglesia pri­mitiva.

V.    La primera literatura cristiana. Las letras cristianas tu­vieron su origen en los «Padres Apostólicos», cuyos escri­tos reflejan la vida de la Cristiandad más antigua. La Apo­logética fue una literatura de defensa de la fe, mientras que el siglo III presenció ya el nacimiento de una ciencia teoló­gica.

VI.   La Iglesia en el Imperio romano-cristiano. En el transcurso del siglo IV, el Cristianismo comenzó a ser tole­rado por el Imperio, para alcanzar luego un estatuto de li­bertad y convertirse finalmente —en tiempo de Teodosio—en religión oficial. El emperador romano-cristiano convocó las grandes asambleas de obispos —los conci­lios—, y la Iglesia pudo organizar sus estructuras territoria­les de gobierno pastoral.

VIL La cristianización de la sociedad. Desde el punto de vista social, el siglo IV presenció también una profunda transformación religiosa: la sociedad cristiana sucedió a las comunidades cristianas del período anterior. El Cristianis­mo dejó de ser, en el mundo mediterráneo, una religión de minorías, para convertirse en religión de muchedumbres. La evangelización desbordó su anterior marco urbano y llegó a la mayoritaria población campesina. Las iglesias ru­rales proliferaron y surgió una geografía eclesiástica.

VIII.La formulación dogmática de la fe cristiana. En los siglos que siguieron a la conversión del mundo antiguo, fue definida con precisión la doctrina acerca de verdades muy fundamentales de la fe cristiana. Se formuló la doctrina dogmática sobre la Santísima Trinidad, el Misterio de Cris­to y la cuestión de la Gracia.

IX.     Los Padres de la Iglesia. Los siglos IV y v constituyen la edad de oro de la Patrística. En Oriente y Occidente apareció una pléyade de personalidades excepcionales, que aunaban la santidad de vida y una destacada labor en el campo de las ciencias sagradas, e incluso de la cultura en general
 

X.        El Cristianismo y los pueblos bárbaros. Las invasiones germánicas abrieron al Cristianismo el acceso a nuevos pueblos, que se establecieron en tierras del Imperio. Luego, los misioneros llevaron el Evangelio más allá de las anti­guas fronteras romanas. Germanos, eslavos, magiares, etc., recibieron la fe cristiana y se incorporaron a la Iglesia, aunque varios de esos pueblos lo hicieran tras haber profe­sado temporalmente la herejía arriana.

XI.    La vida ascética y el monacato. Desde los orígenes de la Iglesia, hubo cristianos que abrazaron una vida de plena imitación de Jesucristo. Más tarde, el ascetismo cristiano revistió formas características de huida del mundo y vida en común: así nació el monacato, que floreció desde el si­glo IV, tanto en el Oriente cristiano como en el mundo lati­no occidental.

XII El Cristianismo en la Europa feudal. El Cristianismo sufrió la impronta feudal en los tiempos oscuros de la gé­nesis de la Edad Media. Las iglesias y sus titulares se vie­ron implicados en la tupida red de relaciones vasallático-beneficiales que articularon aquella sociedad. Las injeren­cias de los señores laicos en la vida eclesiástica produjeron una penosa decadencia moral, que en Roma dio lugar al llamado «Siglo de Hierro» del Pontificado. 

XIII. La lenta gestación del Cisma de Oriente. La divi­sión del Imperio romano puso al descubierto el dualismo siempre latente entre Occidente y Oriente, el mundo latino y el griego, Roma y Constantinopla. Este dualismo se refle­jó también en el terreno religioso y eclesiástico, donde las tensiones provocaron un creciente alejamiento y termina­ron por provocar el enfrentamiento y el Cisma.

XIV.     Pontificado e Imperio en la Edad Media. Pontifica­do e Imperio fueron las dos columnas sobre las que se asentó la Cristiandad medieval. El papa representaba la po­testad espiritual, y el emperador, el poder temporal. El ideal—pocas veces plenamente logrado— fue el entendimiento y la armónica colaboración entre las dos potestades.

XV.    El apogeo de la Cristiandad. La reforma gregoriana preparó los tiempos de esplendor de la Cristiandad: los si­glos XII y XIII, cuyo centro ocupa el pontificado de Inocen­cio III. La vitalidad de la Europa cristiana fue desbordante: se reunieron concilios ecuménicos, nacieron las universida­des, se fundaron grandes órdenes religiosas y las Cruzadas fueron empresa común de reyes y príncipes cristianos.

XVI.    Estructuras de una sociedad cristiana. La impregna­ción cristiana llegó a penetrar todos los estratos de la socie­dad medieval. El guerrero se transforma en caballero, y de caballeros estuvieron compuestas las órdenes militares. Los artesanos se agrupan en corporaciones de oficios y fraterni­dades, que después llegarían a ser gremios. El pueblo cris­tiano levanta catedrales y peregrina a Jerusalén, Roma o Compostela.
 

XVII.    La herejía medieval. En el corazón de la sociedad cristiana occidental no faltó la presencia de la herejía. Mo­vimientos y corrientes religiosas de lejana procedencia oriental prendieron en el mediodía de Francia; la Inquisi­ción fue creada para combatirlas y defender la unidad de la fe. Otras doctrinas heterodoxas difundidas en la Baja Edad Media pueden considerarse como precursoras del Protes­tantismo. 

 

XVIII.   La crisis de la Cristiandad. Los duros enfrentamientos del siglo XIII entre papas y emperadores alemanes fueron factor principal de la quiebra del sistema de la Cristiandad. Un nuevo «espíritu laico» y la tendencia al nacio­nalismo eclesiástico animaron a los gobernantes de las grandes monarquías occidentales. En el dorado destierro de Aviñón, el Pontificado del siglo XIV vivió bajo la sombra de Francia.

XIX.    El Cisma de Occidente y el conciliarismo. La crisis de la Cristiandad desembocó en el Cisma de Occidente. Los reinos cristianos dividieron su «obediencia» entre dos y hasta tres papas, cada uno de los cuales pretendía ser le­gítima cabeza de la Iglesia. En este clima de confusión, las doctrinas conciliaristas trataron de alterar la propia estruc­tura eclesiástica, haciendo del concilio ecuménico una ins­tancia suprema, por encima del papa.

XX. Entre el Medievo y la Modernidad. Un cúmulo de factores de signo contradictorio parece darse cita a la hora de la transición entre Medievo y Modernidad. Una visión antropocéntrica del mundo y un entusiasmo por la Antigüedad pagana conforman el espíritu de las «élites», mientras los pueblos siguen fieles a sus tradiciones religio­sas y la devotio moderna enriquece la piedad cristiana. La reforma eclesiástica no se realiza de modo general y los pa­pas renacentistas son los mecenas de las Bellas Artes. .Constantinopla —la segunda Roma— cae en manos de los turcos; pero el descubrimiento de América abre al Evange­lio un nuevo continente.

XXI.     La Reforma en Alemania: Lutero y el Luteranismo .Martín Lutero fue el alma de la gran revolución religiosa que escindió la unidad cristiana occidental. La compleja personalidad de Lutero, agitada por sus crisis interiores acertó a galvanizar el viejo resentimiento germánico contra Roma y a complacer las apetencias de los príncipes alema­nes.

XXII.        La Reforma protestante en Europa. La revuelta protestante separó de la Iglesia católica a la mitad de los pueblos europeos y asumió diversas formas. La revolución religiosa iniciada por Lutero tuvo a Alemania como primer escenario, pero no quedó encerrada en las fronteras territoriales del Imperio. Un viento de fronda barrió la mayor parte del Occidente europeo, lle­vando por doquier los gérmenes de la Reforma. Resulta sorprendente la rápida expansión que tuvo el Protestantis­mo, tanto en su forma luterana como en otras formas, di­versas entre sí pero coincidentes todas en su ruptura con la ortodoxia católica. Tras haber dominado más de media Alemania, la revuelta protestante desgajó del tronco de la Iglesia a la mitad de los pueblos que habían integrado la Cristiandad medieval. Recordemos ahora los aspectos más salientes de ese contagio desintegrador que mudó la faz del continente europeo. En la Suiza alemana, Zwinglio, cura de Glaris (1484-1531), movió desde 1518 su propia revuelta religiosa, cuyo radicalismo disgustó al mismo Lutero. Pero el segundo personaje en importancia de la Reforma, tanto por su contribución doctrinal como por su influencia en el progreso del Protestantismo, apare­ció más tarde y fue un francés: Juan Calvino. La historia de la Reforma en Inglaterra siguió una trayectoria peculiar y obedeció, más quizá que en ningún otro país, a las directrices de la realeza. El «Anglicanismo» —tal como ya se dijo— no fue invención de Enrique VIII. Bajo la monarquía Tudor del siglo XV, la Iglesia de Inglate­rra era ya en cierto sentido «anglicana» y Enrique VIII halló en la legislación eclesiástica de sus predecesores un instrumento válido para su política de sojuzgamiento reli­gioso. Este príncipe —como es sabido— fue paladín del Catolicismo en los albores de la Reforma y escribió contra Lutero una «Defensa de los siete sacramentos», que le valió del papa León X el título de Defensor fidei. Fue la negati­va papal a conceder a Enrique el divorcio de Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena, la razón que le llevó al repudio del Primado romano y al cisma. Porque cisma fue —y no Protestantismo— la Reforma en Inglaterra mientras vivió Enrique VIII.

XXIII.      La reforma católica. Los anhelos de renovación cristiana produjeron un ad­mirable florecimiento en el seno de la Iglesia, que en algún país como España se inició con anterioridad al Luteranismo. Se reformaron antiguas órdenes religiosas, se crearon otras nuevas, aparecieron grandes santos y grandes papas. El concilio de Trento no logró el objetivo acariciado por Carlos V de restaurar la unidad cristiana; pero realizó una obra inmensa, tanto en el orden de la doctrina católica como de la disciplina eclesiástica.

XXIV.     De las guerras de religión a la definitiva escisión cristiana. El mapa religioso de Europa no se consolidó hasta bien mediado el siglo XVII. Las luchas entre católicos y protes­tantes fueron «guerras de religión» en Francia. El dina­mismo tridentino impulsó acciones de reconquista católica en el centro de Europa. En literatura y arte, el Barroco es un fiel reflejo del espíritu del Catolicismo postridentino. Pero la prueba decisiva fue la Guerra de los Treinta Años, que enfrentó a las monarquías católicas de los Habsburgos con las potencias protestantes y Francia, su aliada. Los Tratados de Westfalia consagran la escisión religiosa euro­pea. Y en Inglaterra, la revolución orangista puso término a las proclividades filocatólicas de los últimos Estuardos.

XXV.        El gran siglo francés. El siglo XVII fue un gran siglo francés, también en el orden religioso. Francia, aliada de los protestantes de cara al exterior, pasó en su política interna desde la tolerancia acordada por el Edicto de Nantes a la estricta unidad cató­lica. El Cristianismo francés, pese a las sombras jansenis­tas, dio pruebas de una admirable vitalidad. La prolifera­ción de las disputas teológicas era a la vez un signo de in­quietud religiosa y de inestabilidad espiritual.

XXVI.     El regalismo monárquico frente al Pontificado.  Los gobiernos de las monarquías católicas del siglo XVIII fueron propensos al Regalismo: hostiles y recelosos fren­te al Pontificado Romano, pretendieron controlar minucio­samente la vida eclesiástica y hacer de la Iglesia poco menos que un servicio público. Galicanismo, Josefismo, Febronianismo son expresiones de un mismo fenómeno de intromi­sión regalista en la actividad de la Iglesia, característico del Despotismo Ilustrado. Por otra parte, las monarquías protestantes y la ortodoxa Rusia también hacían gala de un perfecto Absolutismo

XXVII.   La ilustración anticristiana.  Desde la segunda mitad del siglo XVIII se deja sentir en muchos espíritus un profundo cambio que ha sido definido como «crisis de la conciencia europea». El Deísmo inglés y el racionalismo francés prepararon el camino a la abierta irreligión de los «filósofos» ilustrados. La «Enciclopedia» difundió las nuevas ideas, que hallaron amplia acogida en­tre las clases elevadas de la sociedad.

XXVIII.De la revolución a la Restauración. La era revolucionaria, abierta en 1789, conmovió los fundamentos políticos y religiosos de Europa. La Revolu­ción francesa, en sus momentos álgidos, trató de eliminar toda huella cristiana de la vida social. Dos papas fueron prisioneros de los gobiernos revolucionarios. Napoleón, res­taurador de la Iglesia en Francia, asumió también la he­rencia del Galicanismo. La Restauración pretendió un re­torno al Antiguo Régimen. Muchos católicos, impresiona­dos por la experiencia sufrida, propugnaron una nueva «alianza entre el Trono y el Altar».

XXIX.      Catolicismo y Liberalismo. La Restauración se frustró y el siglo XIX fue el siglo del Liberalismo, ideología de la Revolución burguesa. ¿Sería posible llegar a un entendimiento entre Catolicismo y Liberalismo? ¿Convenía a la Iglesia un régimen de simple libertad, sin la protección del Estado ni el reconocimiento de sus privilegios tradicio­nales? ¿Debían tener la verdad y el error los mismos derechos en la vida pública? Estos y otros interrogantes recibieron distintas respuestas por parte de los católicos, en una época marcada además por el auge de los nacionalismos, que amenazaban directamente a los Estados de la Iglesia.

XXX.     La época de Pío IX. El largo pontificado de Pío IX cubre toda una época. Pío IX fue un papa singularmente amado y venerado por los católicos; sus propios infortunios reforzaron esta cordial adhesión. El concilio Vaticano I y la pérdida del poder temporal marcaron un período de la historia cristiana, de indudable renovación espiritual en lo tocante a la vida interna de la Iglesia.

XXXI.     Los cristianos ante las nuevas realidades sociales. El siglo XIX presenció también una notable transformación de las realidades sociales. El auge del Capitalismo, la revo­lución industrial y la creación de los proletariados urbanos provocaron la aparición de un «problema social», descono­cido hasta entonces. Ideologías de signo anticristiano, como el Marxismo y el Anarquismo, propugnaron nuevos mode­los de sociedad e influyeron poderosamente en los movi­mientos obreros. El papa León XIII propuso un programa cristiano para el nuevo mundo del trabajo.

XXXII.      San Pío X y la crisis modernista. Bajo el influjo de causas muy diversas —como las filosofías irreligiosas, el cientifismo decimonónico y el Protestantismo liberal— tomó cuerpo en la Iglesia el fenómeno modernista. El Mo­dernismo, que en el ánimo de algunos habría de reconciliar Catolicismo y mentalidad moderna y superar la pretendida quiebra entre la fe y la ciencia, venía en la práctica a va­ ciar de contenido sobrenatural la fe católica. San Pío X cortó el paso resueltamente al Modernismo. Fue un papa valiente, que atendió por encima de todo a los «intereses de Dios» y promovió con ardor la piedad cristiana. 

XXX.            La era de los totalitarismos. El Tratado de Versalles no trajo al mundo la paz, sino dos décadas de «entre-guerras». Los totalitarismos de diverso signo coincidían en someter la persona a la voluntad omnímoda del Estado. En países cristianos —como Rusia, México y España—, la per­secución religiosa revistió extraordinaria violencia. Pío XI promovió vigorosamente la Acción Católica, con el fin de asociar a los laicos al apostolado jerárquico de la Iglesia. La gran expansión misional y la solución de la «cuestión romana» fueron dos felices acontecimientos de primordial importancia.

XXXI.         Las consecuencias político-religiosas de la Se­gunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial pro­dujo inmensos sufrimientos, prolongados en la posguerra. Los campos de concentración y las emigraciones forzosas de millones de familias no tienen precedentes en la historia moderna. Derrotados los totalitarismos fascistas, gran parte de Europa quedó en poder de otro totalitarismo, portador de una ideología atea, que impuso graves restricciones a la libertad de los cristianos. La implantación de regímenes co­munistas en China y otros países impidió en ellos la activi­dad misional, mientras la Iglesia cobraba nuevo auge en los pueblos nuevos del Tercer Mundo, libres del dominio marxista.

XXXII.       El Cristianismo en las postrimerías del siglo XX. El concilio Vaticano II formuló en sus documentos un im­portante programa de renovación cristiana, que nada tiene que ver con los abusos cometidos en nombre de un preten­dido «espíritu» conciliar. Hoy el mundo sufre una profun­da crisis de valores espirituales, a la que han contribuido el afán de bienestar de la sociedad de consumo, la pérdida del sentido sobrenatural de la vida y un reduccionismo religio­so que contempla al Cristianismo y a la Iglesia bajo una óp­tica primordialmente terrena. La Iglesia ha de ser ahora la defensora de valores tan esenciales como el derecho a la vida, la dignidad del hombre y la unidad de la fa­milia. En la nueva humanidad de finales del siglo xx, el Cristianismo aparece —al igual que en sus comienzos— como la religión de los discípulos de Jesucristo que, con ayuda de la Gracia, tratan de corresponder a su vocación de cristianos.

Publicado en  on Diciembre 27, 2007 at 5:16 pm Dejar un comentario
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Mensaje de Fe y Amor


Domingo, 28 de octubre de 2007

El Papa afirma que los Mártires “nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica” Palabras del Santo Padre Benedicto XVI durante el Ángelus

Cardenal Saraiva: “El mensaje de los mártires es un mensaje de Fe y de Amor. Debemos examinarnos con valentía y hacer propósitos concretos para descubrir si esa fe y ese amor se manifiestan heroicamente en nuestra vida (…) Ser cristianos coherentes nos impone no inhibirnos ante el deber de contribuir al bien común y moldear la sociedad siempre según justicia, defendiendo – en un diálogo informado por la caridad- nuestras convicciones sobre la dignidad de la persona, sobre la vida desde la concepción hasta la muerte natural, sobre la familia fundada en la unión matrimonial una e indisoluble entre un hombre y una mujer, sobre el derecho y deber primario de los padres en lo que se refiere a la educación de los hijos y sobre tantas otras cuestiones que surgen en la experiencia diaria de la sociedad en que vivimos”. (Nota de prensa) Homilía del Cardenal José Saraiva Martins, representante del Papa y Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos

Himno Joven de la beatificación en el Vaticano de 498 mártires españoles

(duración video 4′ 41″)

Publicado en  on Diciembre 13, 2007 at 10:50 am Dejar un comentario
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El amor de Dios pruduce mártires, no violencia

Mañana en Roma se proclamarán beatos a 498 cristianos por su amor a Dios mas allá de la muerte. Me salgo otra vez de mi senda, pero esto es tan serio y principal que hay que pensar en ello. Y con agradecimiento y veneración.

Los obispos españoles han defendido “la beatificación de los 498 mártires de la persecución religiosa durante el siglo XX”, que tendrá lugar mañana domingo en Roma, porque “no nace del resentimiento sino de la reconciliación”. En numerosos diarios de los últimos días se halla el eco de las cartas pastorales de los Obispos españoles, como en “La Verdad” de Murcia entre otros. Así, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, señala que “el amor a Dios” produce “mártires y no violencia como se pretende mostrar con un acercamiento superficial y supuestamente neutral y objetivo al fenómenos de las religiones”. “El que ama con Cristo ve al hombre de un modo radicalmente nuevo “, enseña el cardenal, quien afirma que los mártires indican a los cristianos “cuál es el camino a seguir en la forma y en el estilo”.También el enviado especial en Roma J. Morán, de La nueva España de Asturias, nos escribe que setenta y un obispos de casi todas las diócesis españolas, junto a mil sacerdotes diocesanos y religiosos, concelebrarán con el cardenal José Saraiva Martins -representante del Papa y prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos- la ceremonia de beatificación de mañana, en la plaza de San Pedro, de los 498 mártires españoles del siglo XX, fallecidos principalmente en la guerra civil. La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha estimado también la asistencia de 2.500 familiares de los mártires. De ellos, unos 200 proceden de Asturias. La diócesis de Oviedo estará representada por el arzobispo Carlos Osoro.

El mismo J. Román entrevista en Roma al Cardenal Julián Herranz que confiesa “rezo para que el impacto del “lobby” mediático anticatólico no resucite el odio de la guerra civil”. Preguntado sobre la memoria histórica contesta “Si quieren hacer memoria histórica escarbando para sacar la represión de uno y otro bandos, harán mal. Los mártires no claman venganza; es todo lo contrario. Como Cristo murieron perdonando. Lo que la Iglesia quiere es sembrar caridad, perdón. Hay que evitar la cadena del odio”

En La Razón el embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez señala “Se trata de una ceremonia religiosa, que tiene una gran valor para toda España, ya que puede servir para conseguir el perdón y la reconciliación” Una idea en la que insistió el embajador al afirmar que la beatificación es “un magnífico momento para contribuir a esa voluntad de perdón y reconciliación que la mayoría de los españoles hemos tenido desde 1977 y que ya tuvo una gran importancia en los años previos de la Transición”

Publicado en  on at 10:45 am Dejar un comentario
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Andarse con contemplaciones

Le he bajado este artículo a Rafael y aunque parece que se aleja del tono del blog me ha parecido tan interesante que he decidido ponerlo en la categoría de “consejos”; digo que parece que se aleja, pues pienso que una sana contemplación del alrededor de la vida siempre es positiva; espero que no te parezca mal. ¡Y que aproveche!
“La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta y hacer lo que preferirías no hacer”, decía Mark Twain.
Y en muchos casos puede ser cierto. Sin embargo, las universidades de Harvard y Cambridge dieron a conocer recientemente 20 consejos saludables (y algunos tips de yapa) que no sólo mejoran la calidad de vida, sino que son además fáciles de llevar a la práctica y parecen hábitos, incluso, apetecibles:
1. Un vaso de jugo de naranja diario, al menos, para aumentar al doble o más el hierro en el cuerpo.
2. Espolvorear el café con canela (media cucharadita de canela una vez al día mantiene bajo el colesterol y estables los niveles de azúcar en la sangre).
3. Cambiar el blanco por el marrón: pan integral por pan blanco. El pan integral tiene casi 4 veces más fibra, 3 veces más zinc y casi 2 veces el hierro que tiene el pan blanco. Además, los que comen pan blanco aumentan medio centímetro por año, dicen investigadores. Conviene siempre comer las cortezas, que tienen pronylysina, lo que anima a las enzimas a combatir el cáncer del colon.
4. Masticar los vegetales por más tiempo. Esto aumenta la cantidad de químicos anticancerígenos liberados en el cuerpo, según dice el Institute of Food Research. Masticar libera sinigrina. Y cuanto menos se cocinen, mejor efecto preventivo tienen.
5. Adoptar la regla del 80%: dejar 20% de la comida que iba a ingerir en el plato… Así como evita trastornos gastrointestinales, prolonga la vida y reduce el riesgo de diabetes y ataques de corazón.
6. El futuro es la naranja, que reduce en un 30% el riesgo de cáncer de pulmón.
7. Comer colorido como el arcoiris. Si come una variedad de rojo, naranja, amarillo, verde, púrpura y blanco en frutas y vegetales, tendrán la mejor mezcla de antioxidantes, vitaminas y minerales que existe. También lo afirman en The Mirror expertos del Institute of Food Research.
8. Comer pizza. Pero elija las de masa finita con extra salsa. El Lycopene, un antioxidante de los tomates, se cree que inhibe y aun revierte el crecimiento de los tumores; y además es mejor absorbido por el cuerpo cuando los tomates están en salsa para pastas o para pizza.
9. Limpiar su cepillo de dientes. El contacto de los gérmenes en el vasito de los cepillos puede ser fatal. Los cepillos por sí mismos pueden esparcir gripes y resfríos. Habría que limpiarlos cuatro veces a la semana, sobre todo después de enfermedades, y mantenerlos separados de otros cepillos.
10. Realizar actividades que estimulen la mente y fortalezcan su memoria. Haga rompecabezas, crucigramas o aprenda un idioma, alguna habilidad nueva. Lea un libro y memorice párrafos.
11. Usar hilo dental y no masticar chicles. Una investigación dio como resultado que las personas que mastican chicle tienen más posibilidad de sufrir arteriosclerosis, pues se hacen más estrechos los vasos sanguíneos, lo cual precede a ataques del corazón. Pasarse el hilo dental puede quitarle seis años a su edad biológica porque remueve las bacterias que atacan a los dientes y al cuerpo.
12. Reír. Una buena carcajada es un mini-workout, un pequeño ejercicio físico: 100 a 200 carcajadas equivalen a 10 minutos de jogging, según el cardiólogo norteamericano William Fry. Baja el estrés y despierta células naturales de defensa y los anticuerpos.
13. No pelar con anticipación. Los vegetales o frutas deben cortarse y pelarse justo antes de que se los quiera comer. Preparar comida fresca con poca anticipación aumenta niveles de nutrientes contra el cáncer.
14. Llamar por teléfono a sus seres queridos. Un estudio de la Facultad de Medicina de Harvard halló que el 91% de las personas que no mantenían cercanía afectiva con sus seres queridos, particularmente con la madre, desarrollaban alta presión, alcoholismo o enfermedades cardíacas en edad temprana.
15. Disfrutar de una taza de té. El té común contiene menos niveles de antioxidantes que el té verde, y beber sólo una taza diaria de esta infusión disminuye el riesgo de enfermedades coronarias. Científicos israelíes también hallaron que beber té mejora el pronóstico de los que han sufrido ataques al corazón.
16. Tener una mascota. Las personas que sin animales domésticos tienen más estrés y visitan más al doctor que los otros, dicen científicos de Cambridge University. Las mascotas te hacen sentir optimista, relajado y eso baja la presión en sangre. Los perros son mejores, pero aun los peces dorados funcionan bien para esto.
17. Ponerle tomate al sándwich. Una porción de tomate por día baja el riesgo de enfermedad coronaria un 30%, según científicos de Harvard Medical School.
18. Reorganizar la nevera. Las verduras en cualquier lugar de su nevera pierden sustancias nutritivas, porque la luz artificial del equipo destruye los flavenoides que combaten el cáncer que tiene todo vegetal, según la nutricionista Maryon Stewart. Por eso es mejor usar los cajones de abajo.
19. Comer como pajarito. La semilla de girasol y las semillas de sésamo en las ensaladas y cereales son nutrientes y antioxidantes, dice el nutricionista Ian Marber. Y comer nueces entre horas reduce el riesgo de diabetes, afirman médicos de la Facultad de Harvard.
20. Por último: Hay algunos otros consejos para pasarla bien y alargar la vida:
*Comer chocolate (¡¡¡¡sí!!!!). Dos barras por semana extienden un año la vida. El amargo es fuente de hierro, magnesio y potasio.
*Pensar positivamente. La gente optimista puede vivir hasta 12 años más que los negativos, que además se agarran gripes y resfriados más fácilmente.
*Ser sociable. La gente con fuertes lazos sociales o redes de amigos tienen vidas más saludables que las personas solitarias o que sólo tienen contacto con la familia.
*Volverse espiritual. Los verdaderos creyentes y aquellos que priorizan el ’ser’ sobre el tener’ tienen 35% más probabilidad de vivir más tiempo.
No parece tan sacrificado, ¿verdad? “Elige la mejor forma de vivir -decía Séneca-: la costumbre te la hará agradable”. Una vez incorporados los consejos y hechos hábito, las buenas costumbres se vuelven necesarias. En fin, habrá que pensar en esto un poco…

Publicado en  on at 10:36 am Dejar un comentario
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