Familias numerosas: heroínas invisibles
Una multitud en defensa de la familia cristiana
Las alusiones al divorcio exprés, al aborto y a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, así como la defensa cerrada de la familia, han protagonizado hoy el acto “Por la familia cristiana” celebrado en la madrileña plaza de Colón.Soy el padre de Eddie
El autor es jefe de deportes del diario The Times, donde ha publicado, bajo el título No soy un santo; soy un padre, un extracto del libro en el que describe la vida con su hijo Eddie, que tiene síndrome de Down. Éste es un resumen del artículo
Mi primer hijo, Joe, nació sin problemas. Siete años después, tuvimos a Eddie. Tiene síndrome de Down. Nos inventamos historias de eventos emocionantes o devastadores que pueden ocurrirnos; pero lo que nadie puede imaginarse es el día a día de vivir con las cosas y seguir con la labor rutinaria de amar. No podía imaginarme cómo era vivir con un niño con síndrome de Down. Podía especular sobre lo terrible de vivir con un niño que no podía hacer un montón de cosas, pero no podía imaginar qué sería vivir con Eddie día a día. No me pasa sólo con Eddie. Nos falta la maquinaria para imaginar la rutina de vivir con un hijo que crece contigo.
Nada que tenga que ver con el amor parece tan terriblemente difícil cuando te pones. Nada parece una exigencia imposible de tus habilidades o recursos. Simplemente, te encuentras a ti mismo arreglándotelas para hacerlo. No me he pasado los últimos cinco años viviendo con el síndrome de Down, ¡qué absurdo! He vivido con Eddie, mi niño.
En el hospital, cuando descubrieron que el síndrome de Down era una posibilidad, se ofrecieron muy amablemente a matárnoslo. Mi mujer es una persona excepcional. La idea de no preocuparse por su propio hijo era imposible de contemplar. Aún en el vientre, no nos preguntábamos cómo lidiaríamos con un niño con síndrome de Down. Nos preguntábamos sobre la vida con esa criatura a la que ya llamábamos Eddie.
Eddie nació. Tenía dos agujeros en el corazón, y a los cuatro meses tuvieron que operarlo. Recuerdo esa gotita de vida sobre mi hombro, los brazos caídos a los lados, demasiado débil para hacer nada. Voces traidoras me habían dicho al final del embarazo: quizá me libraba, quizá se moría. Eso sería peor que cualquier otra cosa. Quería que viviera con todo mi corazón.
Una vez pasada la cirugía, las emergencias y los dramas, era hora de ponerse a vivir. Es bastante fácil. Vives un día, y luego el siguiente. Quizá fácil no es la palabra adecuada. No se supone que la paternidad sea fácil. No te haces padre para que las ganancias superan a las pérdidas, sino por amor.
La educación de Eddie continúa a su ritmo. Dice algunas palabras, y tiene todo un vocabulario de signos, y una esperanzadora capacidad de comprensión. Cualquier progreso es emocionante. No se trata de que pase un examen, sino de que crezca y se convierta en él mismo. En muchos sentidos, ha pasado lo mismo con Joe.
A Eddie le encanta reír, y hacer reír. ¿Una personita alegre? Desde luego que no. Es un niño de cinco años, y más propenso a la frustración que la mayoría. Su necesidad de comunicarse es, con frecuencia, dolorosa, cuando su vocabulario no se adecua a la idea clara que él tiene. Eso va seguido de un rugido de furia y angustia. Por supuesto que a veces es difícil. Pero Dios sabe que muchos padres tienen más dificultades que nosotros.
No tengo un niño con síndrome de Down: soy el padre de Eddie. Hay una enorme diferencia: lo primero es casi imposible de asumir, lo segundo es como vivo día a día. No pienso mucho sobre ello. Sólo soy un padre, jugando la baza que tengo como mejor sé. Hay partes duras, fáciles, divertidas, aburridas… Eso vale para Eddie, y para Joe. Habrá cosas más difíciles a medida que crezca. Puedo imaginarme unas cuantas cosas horrorosas, pero lo que pase de verdad lo atravesaremos día a día.
¿Me gustaría que Eddie cambiara? Querría que ciertos problemas físicos cambiaran, pero quieres a la persona real que está ahí, y no a otra hipotética. Sería negarle a él y a mí mismo. El síndrome de Down se usa como una de las grandes justificaciones para el aborto. Estoy aquí para decir que no es un horror insuperable. La casualidad ha reunido tres personas en mi cocina: mi mujer, que tiene algo de sangre gitana; Eddie; y un amigo judío. Y me he dado cuenta de que, con Hitler, los tres habrían sido mandados a los hornos.Igual que ser judío o gitano, no es algo que se tenga que erradicar para el bien de la Humanidad. Eddie es mi hijo y es genial. No es el fin del mundo; fue el principio del mío. Tengo un hijo con síndrome de Down, y la gente me tiene lástima. Es un error. No hay que tenerme lástima, sino envidia.
Simon Barnes
La educación y sus patas
Reproduzco un artículo de mi amigo filósofo Francisco Santamaría publicado hoy en El Comercio, de Gijón que me parece interesante pues además de resaltar el papel de la familia en la educación de los hijos, llama la atención a la influencia de los medios de entretenimiento y ocio que sobre los niños pueden llegar a tener. Allá va.
Las tres patas de la educación
por Francisco de Borja SANTAMARÍA
En mi anterior aparición en esta tribuna intenté argumentar que, si se descuida la educación del carácter moral de los jóvenes, de poco servirán los esfuerzos del sistema educativo por inculcarles una mayor conciencia acerca de los asuntos públicos. Educar la dimensión ciudadana es, sin duda, algo completamente necesario, pero está abocado al fracaso, si la calidad moral de las personas decae. En ese contexto, sostuve que el mejor –aunque no el único – ejercicio de ciudadanía consiste en ser una buena persona. El problema es cómo se consigue hacer buenas a las personas. El asunto no tiene nada de novedoso –es al menos tan antiguo como la reflexión filosófica- y es claro que no hay acción educativa que lo garantice: educar en la virtud –una acción que está mediada por la personalidad y la libertad del niño o adolescente- no tiene nada que ver con construir un edificio singular o con fabricar sofisticados artilugios.La cuestión, como digo, tiene poco de novedosa. Lo novedoso, en todo caso, es el contexto en que es preciso educar. Teniendo presente el contexto y sabiendo que no existen recetas mágicas, me ocuparé a continuación de los tres ámbitos fundamentales en los que se desarrolla la acción educativa, con el ánimo de, al menos, vislumbrar algunas claves de la educación del carácter moral, que, no lo olvidemos, es el objetivo más importante de la acción educativa.El primer ámbito y más fundamental en el que una persona forma su carácter moral es la familia. El intenso componente afectivo de la relación familiar estructura con una fuerza irrepetible, y normalmente desde su nacimiento, el carácter de una persona. Lo que se aprende –o no se aprende- en el hogar marca, no absolutamente pero sí indeleblemente, la personalidad.Nos encontramos aquí con la primera dificultad con la que se topa la acción formativa. Por una parte, está el problema de las familias desestructuradas, merced sobre todo al divorcio y al fenómeno de los hogares monoparentales, que va en aumento. Por otra parte, la incorporación de la mujer al trabajo y la creciente duración de los horarios laborales, hace que los niños disfruten cada vez menos de la compañía y del afecto de sus padres. Nos encontramos así con que los padres pierden muchas oportunidades de ir formando el carácter de sus hijos.Esto no tiene fácil solución. Desde un punto de vista social se impone el esfuerzo general para fortalecer la familia y por facilitar a los hombres y a las mujeres la conciliación del trabajo con su vida familiar. Pero otra parte de la solución reside en que los padres han de mantener una clara intencionalidad educativa. Los padres han de combinar cariño y exigencia para ir moldeando –en la medida en la que esto es posible- el carácter de sus hijos. Esto quiere decir que les tienen que inculcar hábitos de orden, capacidad de esfuerzo para conseguir las cosas, dominio de sus apetencias, asertividad, actitudes de respeto y cuidado por los otros, etcétera, etcétera. Es preciso decir, porque no se suele tener en cuenta, que la acción educativa de los padres ha de comenzar el mismo día que su retoño viene al mundo.El segundo ámbito en el que se desarrolla la formación del carácter moral es la escuela. Idealmente, la escuela actúa en este aspecto como “por delegación” de los padres. Ello significa que la escuela debe proponerse colaborar –no suplir- con la educación moral que persiguen los padres. La escuela actúa sobre el carácter moral de los alumnos, no tanto en la formación de hábitos –algo que en cierta medida también hace- cuanto en proponer un mundo coherente de valores aceptados socialmente, que contextualizan los valores que se afirman en el ámbito familiar.Y la tercera pata de la educación, la que tal vez en este momento histórico goza de una relevancia educativa que nunca hasta ahora había sido tan fuerte, son los productos elaborados por la industria del entretenimiento. Ya advirtió McLuhan de que quien trata de encontrar las diferencias entre educación y entretenimiento, muestra su total ignorancia en ambas materias. Los niños, adolescentes y jóvenes moldean su personalidad, en gran medida, a través de lo que les entretiene.En efecto, así como la acción educativa de los padres posee como componente principal la relación afectiva, el entretenimiento educa a través de su componente narrativo-emocional. Tengo la impresión de que en el ámbito educativo se ha tenido muy poco presente el carácter educativo –para bien o para mal- de las historias, de las narrativas que inciden en la imaginación, emociones y afectos de los niños y de los jóvenes.Lo novedoso del contexto cultural de la última centuria es que las narraciones –a través de películas, series y programas de televisión, videojuegos, cómics, música, revistas juveniles, etcétera- se producen industrialmente y llegan masivamente a millones de niños y adolescentes. Su capacidad de incidencia es inmensa y no parece que se encuentre articulada con la labor educativa de la familia y de la escuela. Por desgracia, en muchas ocasiones los relatos que, en su conjunto, ofrece la industria del entretenimiento son todo menos educativos En mi opinión, la educación del carácter moral no se resolverá satisfactoriamente mientras los distintos responsables de la industria del entretenimiento no asuman un decidido compromiso educativo; lo cual no exige que el mundo de la ficción se pueble de historias edificantes, sino que, simplemente, su narrativa no sea dañina.Lo que, en cualquier caso, no hay que perder de vista es que la educación del carácter moral es un objetivo educativo irrenunciable, que requiere del concurso de los padres, de la escuela y de los grandes proveedores de ficciones. El futuro de la educación es nuestro futuro.
La casa guapa
La carretera de Gijón a Pola de Siero es guapa no tanto por ella misma, que incluso es estrecha y da lugar a accidentes por no tener arcenes, sino por el valle por el que discurre y las dos vertientes que lo cierran en La Collada, que es el paso por el sur hacia Siero. Parroquias como Granda, con su Iglesia de santo Tomás , su carbayera y su hermosa y conocida finca de Solavieya dónde se puede encontrar, entre árboles y oraciones, una paz del alma y del cuerpo, pues además, para este último se nos restaura a conciencia con una cocina excelente.
Parroquias como Vega y la Camocha, Lavandera y Fano en el lado de poniente y Santurio, Caldones y Baldornón en su parte de levante dan a este itinerario una belleza en sus casinas o casonas con colores muy vivos, sus palmeras, camelios, limoneros e incluso naranjos y la siempre presente mimosa que ahora está espoyetando de flores de un amarillo azafrán. Y los manzanos de las pomeradas para la sidra. Sí, es guapa esta vía.Pues ayer fuimos a Caldones a una casina en el barrio de san Pelayo que es una preciosidad por el campo que la rodea. Es como la zona. La casa no puede ser mas chica ni mas guapina pero contenida en mucho espacio, pues es de una familia que la utiliza para que los niños de la tercera generación jueguen libres por el prado, y la “vivienda” es más bien para estar un día que para que vivir en ella. Se la dejan a D. Javier y allí fuimos como base de operaciones para dejar el coche, dar un paseo y hacernos luego una paellita que ayer fue de pescado.Subimos desde san Pelayo por el calellón de l’oscuro hasta el camín real de San Pelayo que ya va a cierta altura y allí andando, andando vimos casas muy bonitas,
pero sobre todo una con su palmera, su camelio, su limonero, sus alhelíes blancos y violetas y su balconada de madera. Voy a hacerle una foto que se lo merece. Le hice una desde el norte y cuando le iba a hacer otra del lado contrario, asomó a la balconada un buen hombre mayor, de hechura fina y avispada que nos llamó la atención diciendo: “Y eso pa’ quién ye” Yo le dije que le hice la primera foto por lo mucho que me había gustado y que era una preciosidad y entonces saltó y dijo “Pues ye una ca d’un probe: faga, faga las que quiera, que sí ye guapa” Entonces hice la segunda con el señor en la ventana y le dije que si salían bien se las vendría a traer para que se las quedara. “Vengan, vengan que tan invitaos a un culín de sidra” nos dijo con tono festivo y goloso. Pues no le quepa duda alguna de que vendremos, le dije y en esas estamos e iremos, sí señor.
Luego seguimos por el camin l’escuries hasta lo alto de Bobies desde donde se ve ya el valle del otro lado con las escuelas
y la ermita de la Milagrosa de Riuseco de Caldones, además del valle por el que vinimos. Entonces empezó a salir el sol pues antes orbayaba fino y el panorama era muy hermoso que es un bonito pero en serio y de verdad. Bajamos por Salientes y volvimos a tomar el camín real de san Pelayo a donde volvimos para hacer la paella y ver como quedaba: no estuvo nada mal y además la regamos con sidrina. Pues ésto dió de sí la mañana ya que a las cinco de la tarde ya estábamos trabajando en casa. Y es que aquí, apenas sales ya tienes el campo a la mano: no te dá ni para un rosario.